El Consell Agrari Municipal de València, a través del Servicio de Guardería Rural, contabilizó 1.045 informes entre enero y mayo de 2026 para vigilar, inspeccionar y proteger el suelo rústico. El concejal José Gosálbez subraya la necesidad de vigilancia constante y de apoyar a quienes trabajan la tierra.
València – El Consell Agrari Municipal, a través de su Servicio de Guardería Rural, ha hecho público un dato que impacta a la gente del barrio y a los agricultores que mantienen viva la campo: entre enero y mayo de 2026 se han realizado 1.045 informes de vigilancia, inspección y protección del suelo rústico del término municipal. Es decir, se ha trabajado a un ritmo intenso para vigilar, detectar posibles irregularidades y actuar de forma preventiva contra los riesgos que amenazan a la huerta y al paisaje agrícola de la ciudad.
El concejal de Agricultura y presidente del organismo, José Gosálbez, ha destacado que “el campo valenciano necesita vigilancia, gestión y respeto, no abandono”.
Sus palabras resumen una filosofía: no mirar para otro lado ante posibles peligros en una tierra clave para la economía local y la identidad histórica de València.
La Guardia Rural, tal como funciona, no solo inspecciona; también protege un patrimonio productivo que genera empleo y potencia la seguridad alimentaria de la ciudad.
Del total de actuaciones, la mayor parte se centra en la prevención de incendios provocados por quemas agrícolas, con 425 informes; seguido de las evaluaciones del estado de parcelas, que suman 310 actuaciones.
Completan el cuadro 92 informes genéricos, 90 sobre incidencias, 83 relacionados con cultivos, 34 por vertidos, 9 por plagas y 2 por robos o decomisos.
Estas cifras muestran una actividad de control bastante amplia y diversa, orientada a mantener limpia y segura la huerta, evitar daños a cultivos y evitar que pequeños problemas se conviertan en grandes riesgos.
La Guardería Rural ejerce su labor principalmente en zonas de alto valor productivo: las acequias históricas del Tribunal de les Aigües, el Canal del Túria y los arrozales de l’Albufera.
En estas áreas se concentra la mayor actividad agraria y, por tanto, es donde la vigilancia preventiva y el seguimiento de incidencias resultan más necesarias para evitar incendios, degradación del suelo y conflictos entre usos del agua.
Una novedad destacada es la incorporación de una aplicación informática específica que permite gestionar los procedimientos de inspección y el análisis de datos de manera más eficiente.
Con esta herramienta, el planning y el seguimiento de actuaciones se vuelven más ágiles, lo que facilita a los técnicos y a los agricultores que cumplen con sus obligaciones trabajar con mayor claridad y previsibilidad.
El objetivo, según el propio Gosálbez, es reforzar la inspección preventiva, apoyar a los que trabajan la tierra y garantizar la seguridad de quienes mantienen viva la actividad agraria.
Para el presidente del Consell Agrari Municipal, el plan no es solo un conjunto de números: es una estrategia para defender un suelo rústico que, además de ser un recurso económico, es parte fundamental de la identidad de València.
Mantener el control sobre estas tierras ayuda a prevenir incendios, evitar vertidos y frenar la degradación, al tiempo que se asegura el cumplimiento de la normativa agraria y urbanística.
El mensaje es claro: quien cuida la tierra merece respaldo institucional y apoyo público. Y quien la abandona o la degrada debe saber que habrá control y vigilancia. Con esta línea, València quiere combinar la protección de su patrimonio agrícola con la seguridad de sus vecinos, reforzando una tradición de gestión del agua y de cultivo que, en palabras de muchos, ha marcado la historia de la ciudad durante siglos.
Como contexto histórico, conviene recordar que la gestión del agua y de las tierras de regadío en Valencia tiene raíces muy antiguas. El Tribunal de les Aigües, una institución con siglos de existencia, regula el uso del agua de las acequias ante las disputas entre regantes. Este marco histórico ha moldeado una cultura del cuidado del agua y de la tierra que perdura hoy y que, en la práctica, justifica este esfuerzo moderno de vigilancia y protección.
También se puede mencionar que la huerta valenciana y el entorno de la Albufera constituyen un paisaje que ha inspirado a generaciones de agricultores, y que, gracias a políticas como estas, busca mantenerse productivo y seguro para las próximas décadas.
En definitiva, València da un paso más en la defensa de su tierra y de su historia, sin perder de vista el interés general y la seguridad de las personas que viven y trabajan en su huerta.