Un estudio reciente alerta de que las señales que podrían indicar vida extraterrestre podrían ensancharse y perder intensidad al atravesar el medio turbulento de las estrellas, lo que obliga a cambiar la estrategia de SETI para buscar indicios en un rango más amplio.

La búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra podría estar fallando por un factor tan técnico como invisible: la turbulencia y el plasma que rodean a las estrellas desde las que podrían provenir las señales.

Un estudio publicado en The Astrophysical Journal sugiere que, si civilizaciones alienígenas han desarrollado tecnología para comunicarse, es probable que no estemos escuchando con la estrategia adecuada.

El hallazgo propone ajustar la forma en que buscamos señales, especialmente cuando estas sean estrechas y muy puntuales.

El equipo, liderado por Vishal Gajjar, astrónomo del SETI Institute y científico del proyecto Breakthrough Listen en la Universidad de California, Berkeley, analizó cómo el medio interplanetario de las estrellas puede distorsionar una señal estrecha.

Para entenderlo, recurrieron a un laboratorio natural: las comunicaciones entre la Tierra y sondas enviadas a diferentes rincones de nuestro propio sistema solar.

Estas transmisiones viajan a través del plasma solar y del viento estelar, y proporcionan un entorno real para observar cómo una señal de banda angosta termina ensanchándose.

Con esos datos observaron cómo, al atravesar ese entorno turbulento, una señal que inicialmente es casi un tono puro se ensancha y se difumina de forma que podría ser difícil de detectar con métodos tradicionales.

A partir de ahí, desarrollaron un marco teórico para estimar cuánto podría interferir el viento estelar en transmisiones potenciales en otros sistemas planetarios.

Una conclusión clave es que cualquier planeta que orbite una estrella podría emitir señales que, al atravesar su entorno estelar, se ensanchan y se debilitan.

El ensanchamiento depende de la estrella: algunas son más turbulentas que otras. Las enanas M, que componen aproximadamente tres cuartos de las estrellas de la Vía Láctea, son especialmente abundantes y, al mismo tiempo, muy magnéticas y propensas a llamaradas.

Eso podría hacer que las señales estrechas sean más difíciles de detectar, incluso si existen civilizaciones tecnológicas que las emiten en esas direcciones.

Con este panorama, los investigadores aconsejan replantear la búsqueda de inteligencia: lo “nuevo” ya no debe ser solo buscar tonos láser o chirridos muy puntuales en una frecuencia única, sino estar preparados para señales más anchas y débiles que podrían haber sido distorsionadas al atravesar el entorno estelar.

El consenso es que la tecnología actual y futura debe ampliar el rango de frecuencias y analizar patrones más complejos, no solo los considerados clásicos en el SETI.

Afortunadamente, el avance tecnológico ayuda: las herramientas actuales permiten escanear anchos de banda mayores y usar inteligencia artificial y procesadores gráficos de alta potencia para procesar cantidades de datos impensables hace unas décadas.

Además, la NASA estima que la Vía Láctea alberga más de diez mil millones de planetas terrestres, lo que amplía las posibles ubicaciones de mundos habitables y, por ende, de señales que podríamos detectar si afianzamos nuestros métodos.

El estudio no desanima a la comunidad; al contrario, ofrece una ruta optimista. Si entendemos mejor cómo el “ruido estelar” modifica una señal, podemos diseñar búsquedas que sean menos propensas a fallar ante estas distorsiones.

Y, con herramientas como la IA, la analítica de datos y nuevos telescopios, la probabilidad de distinguir una señal artificial de la confusión cósmica podría aumentar.

En resumen, el mensaje clave es que no estamos ante un fallo absoluto del cosmos, sino ante una necesidad de adaptar nuestra estrategia de escucha. Buscar solo señales estrechas, aisladas y fuertes podría hacernos perder señales reales que, por culpa del entorno estelar, llegan de forma más difusa.

El futuro del SETI podría pasar por escuchar con oídos más finos y amplios a la vez: ampliar el espectro, considerar señales de banda más ancha y afinar las herramientas para detectar lo que la galaxia podría estar tratando de decirnos, aunque lo haga con menos claridad de la esperada.