Un estudio con humanos y ratones sugiere que comer mejora la capacidad de las células T para enfrentar infecciones. Publicado en Nature, el trabajo cuestiona la idea de 'no comer para curar un resfriado' y abre la puerta a optimizar vacunas y tratamientos contra el cáncer a través de la alimentación.
Un equipo de inmunólogos de la Universidad de Pittsburgh y el centro UPMC Hillman Cancer Center ha descubierto que las células T, que forman parte de las defensas del cuerpo, pueden responder de forma más eficaz a una infección tras una comida.
El hallazgo, publicado en la revista Nature, sugiere que la alimentación no es solo combustible para el cuerpo, sino que también modula la forma en que estas células luchan contra virus, bacterias o incluso tejido precanceroso.
Como decía Napoleón, un ejército marcha con el estómago lleno; y eso parece aplicarse también al ejército de células que se activa para defendernos.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo realizó un experimento con 31 voluntarios sanos. Se tomaron dos muestras de sangre en el mismo día: la primera, a primera hora de la mañana tras un ayuno nocturno; la segunda, seis horas después de comer.
Tras la ingesta, las células T mostraron una mayor capacidad para captar grasas y azúcares, y sus mitocondrias—las centrales energéticas de la célula—producían energía de forma más eficiente.
En términos simples: comer da más combustible y más potencia para que estas defensas funcionen.
Para complementar el estudio en humanos, los investigadores realizaron experimentos con ratones. Los animales alimentados mostraron una mayor producción de células de memoria T, una subpoblación clave que identifica patógenos que el cuerpo ya ha encontrado antes y que facilita respuestas más rápidas ante futuras infecciones.
Este hallazgo sugiere que la memoria inmunitaria puede verse favorecida por una nutrición adecuada, además de la respuesta inmediata ante un ataque viral o bacteriano.
La investigación, que se publicó en abril en Nature, también aborda implicaciones para tratamientos médicos. En particular, apunta a posibles mejoras en terapias inmunes oncológicas, como las CAR-T, que usan células T modificadas para reconocer y atacar tumores.
Los resultados indicaron que las células T CAR extraídas de personas que habían comido eran mejores para controlar el cáncer que las obtenidas tras un periodo de ayuno.
Esto abre la posibilidad de estudiar dietas o pautas de alimentación complementarias para optimizar estas terapias, aunque aún se requieren más pruebas en humanos y ensayos clínicos amplios.
Sin embargo, el estudio tiene sus limitaciones. Los investigadores no controlaron de forma estricta qué comían los participantes, lo que significa que no se puede atribuir el efecto a una dieta específica.
No obstante, los efectos postprandiales fueron sorprendentemente consistentes independientemente de lo que se comiera, y los autores señalan que una dieta equilibrada aporta el mayor impulso a la respuesta de las células T.
En palabras de los investigadores, la nutrición adecuada podría ser un factor aditivo importante para la salud, ya sea para afrontar un resfriado, una infección más grave o la lucha contra el cáncer.
En resumen, este estudio añade una pieza más al rompecabezas entre dieta, metabolismo e inmunidad. Si comer puede modular la fortaleza de las células defensivas, la nutrición podría convertirse en una herramienta complementaria para optimizar vacunas, mejorar respuestas a infecciones y, en el futuro, apoyar tratamientos de inmunoterapia contra el cáncer.
Aunque aún quedan cosas por confirmar y afinar, la idea central es clara: una alimentación balanceada no solo sostiene el cuerpo, también potencia su capacidad para defenderse.