Una actualización del código nacional de construcción de Canadá exige que las viviendas nuevas incorporen un sistema pasivo de mitigación de radón, buscando reducir la exposición en interiores. Mientras tanto, millones de hogares existentes siguen en riesgo y deben considerar pruebas y posibles mitigaciones, con apoyos limitados y costos que varían ampliamente.

Una actualización muy esperada del código nacional de construcción de Canadá introduce la exigencia de un conducto pasivo para la mitigación del radón en las viviendas nuevas, una medida destinada a frenar la acumulación de este gas invisible y cancerígeno en interiores.

El radón es un gas radioactivo que emana del suelo y puede ingresar a las viviendas a través de grietas, huecos y cimientos mal sellados; no tiene olor ni sabor, y su presencia está vinculada a un mayor riesgo de cáncer de pulmón.

Las estimaciones sugieren que cerca de una de cada cinco viviendas en Canadá presenta niveles elevados de radón, cifras que se han duplicado en las últimas décadas y que, según proyecciones oficiales, contribuyen a miles de muertes al año.

La actualización del código, publicada a finales del año pasado, establece que las nuevas construcciones deberán incorporar un sistema pasivo de extracción de radón, diseñado para actuar como una chimenea que ayuda a expulsar el gas desde el interior hacia el exterior.

Este enfoque no sustituye la ventilación adecuada, pero sí facilita una vía de escape adicional para reducir concentraciones en viviendas recién levantadas.

No obstante, la adopción del código depende de cada provincia y territorio, lo que implica un proceso de implementación progresivo a lo largo del país.

Qué hacer con las viviendas existentes es la pregunta clave para millones de canadienses. Expertos sostienen que la única forma fiable de conocer el nivel de radón en un hogar es realizar una prueba de medición. Se puede contratar a profesionales o adquirir un kit de pruebas para uso doméstico; en varias comunidades se ofrecen monitores de radón gratuitos a través de bibliotecas o unidades de salud pública.

El programa federal Take Action on Radon también facilita información y recursos para la población, con el objetivo de impulsar una acción más amplia.

La guía nacional recomienda medir durante al menos 91 días y, preferiblemente, durante tres a doce meses para obtener resultados más precisos. Es aconsejable realizar las pruebas en temporada fría, cuando las ventanas y puertas suelen permanecer cerradas, lo que aumenta la concentración de radón en interiores.

Si los resultados superan el umbral recomendado, las opciones de mitigación están disponibles a través de una red de profesionales certificados, cuya lista puede consultarse en el mismo programa gubernamental.

Las soluciones de mitigación más comunes consisten en un conducto que sale desde la base de la vivienda y asciende hasta el tejado, acompañado de un pequeño ventilador que extrae el gas al exterior antes de que entre en la casa.

En general, una instalación de mitigación puede requerir un día o menos. En cuanto a costos, para las personas que pagan de su propio bolsillo, el rango típico oscila entre 2.000 y 5.000 dólares canadienses, lo que aproximadamente equivale a entre 1.320 y 3.300 euros, dependiendo del tamaño, la configuración y la ubicación de la vivienda. Este rango puede variar si se requieren ajustes estructurales o trabajos adicionales.

Algunas jurisdicciones ofrecen apoyos para reducir la carga financiera. Por ejemplo, Ontario incluye la mitigación de radón en su programa de garantía de vivienda, con cobertura durante varios años, y Manitoba dispone de un programa de financiación que permite distribuir los costos de mitigación a lo largo de las facturas de servicios públicos.

Sin embargo, para la mayoría de los propietarios que pagan de su propio bolsillo, la barrera del costo sigue siendo significativa. Organizaciones sin fines de lucro, como la Asociación Canadiense de Neumología, ofrecen becas o subvenciones para mitigar una parte de los gastos en hogares de ingresos bajos y medios, aunque la demanda supera con frecuencia la oferta de fondos.

La experiencia de médicos y pacientes refuerza la sensación de que el costo de la medición y la mitigación no debería impedir la acción preventiva.

Un oncólogo de la región de Columbia Británica, al compartir su caso personal, subrayó que la medición de radón puede salvar vidas, ya que una exposición prolongada a niveles elevados puede aumentar el riesgo de cáncer de pulmón; desde su visión, la inversión en pruebas y mitigaciones es mínima frente al costo humano de no actuar.

Más allá de los números y las normativas, la realidad es que millones de canadienses deben enfrentarse a la pregunta de si su hogar es una zona de riesgo.

La combinación de pruebas precisas, asesoría profesional y, cuando sea posible, ayuda financiera, se presenta como la mejor estrategia para reducir la exposición al radón.

En la práctica, cada hogar debe valorar el beneficio de una medición junto con la viabilidad de una mitigación, sabiendo que la seguridad de las familias puede depender de una decisión informada y oportuna.

En resumen, la nueva normativa para viviendas nuevas representa un paso técnico importante, pero la acción real debe enfocarse en las casas existentes para cumplir la promesa de hogares más seguros para todos.

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