Alberta presenta un nuevo proyecto de oleoducto que replica el Trans Mountain pero con un desvío por el Valle del Fraser, enfrentando problemas sísmicos, ambientales y de consulta con Primeras Naciones.

El gobierno de Alberta, encabezado por la primera ministra Danielle Smith, ha puesto sobre la mesa un nuevo plan para construir un oleoducto que lleve petróleo desde las arenas bituminosas hasta la costa de Columbia Británica.

La propuesta, que cuenta con el respaldo del primer ministro federal Mark Carney, busca replicar en gran medida el trazado del ya existente oleoducto Trans Mountain, cuya ampliación se completó en 2024 tras años de retrasos y protestas.

Sin embargo, hay una desviación clave: en lugar de terminar en Burrard Inlet, cerca de Vancouver, el nuevo tubo se desviaría desde Hope, atravesaría el Valle del Fraser y terminaría en Roberts Bank, en Delta, donde ya se encuentra el puerto más grande de Canadá.

Pero este cambio de ruta trae consigo viejos y nuevos problemas. El principal es el suelo del Valle del Fraser: una mezcla de arena suelta y agua que, en caso de terremoto, se comportaría como una sopa, un fenómeno conocido como licuefacción.

El sedimentólogo Shahin Dashtgard, de la Universidad Simon Fraser, lo explica con un puñado de arena mojada que se deshace entre sus dedos: 'Esa es la preocupación de construir sobre sedimentos saturados de agua o arena suelta'.

La licuefacción es un riesgo sísmico bien conocido en la zona, y la propia Trans Mountain ya advirtió en 2015 que construir una terminal marina en Roberts Bank requeriría medidas de ingeniería costosas y una huella mucho mayor que en Burrard Inlet.

A esto se suma el impacto ambiental. Roberts Bank es un área crítica para la vida silvestre: alberga la mayor concentración de aves playeras y acuáticas invernantes de Canadá, y es hábitat esencial para el salmón del Pacífico, las aves playeras occidentales y las orcas residentes del sur.

Lucero González, del grupo ecologista Wilderness Committee, califica el proyecto de 'aterrador' y señala que la zona ya está muy industrializada con una terminal de contenedores y un ferry.

La ampliación del puerto, el Roberts Bank Terminal 2, ya lleva más de diez años en desarrollo y acaba de ser remitida a la Oficina de Grandes Proyectos (MPO, por sus siglas en inglés) para su aprobación acelerada.

La pregunta es si ambas infraestructuras pueden coexistir. El director ejecutivo del puerto, Peter Xotta, dice que la ampliación está 'mucho más avanzada', pero los ecologistas temen que el oleoducto duplique la industrialización y el tráfico de petroleros en la zona.

Y luego están los derechos de las Primeras Naciones. El territorio tradicional de varias comunidades abarca la terminal propuesta. La Nación Tsawwassen, una de las afectadas, aún no se ha posicionado, aunque dio su consentimiento a la ampliación del puerto dejando claro que 'consentimiento no es apoyo'.

Su jefa, Laura Cassidy, declaró: 'Los beneficios pueden ser nacionales, pero los impactos ambientales, culturales y en la recolección caen directamente sobre el pueblo Tsawwassen.

Decir que estamos preocupados es quedarse corto'.

El proyecto, valorado en al menos 35.000 millones de dólares, ha sido presentado por Alberta como 'la vía más rápida y rentable' para sacar el petróleo al Pacífico, especialmente después de que el gobierno federal mantuviera la prohibición de petroleros en la costa norte de BC.

Pero la Oficina de Grandes Proyectos tiene de plazo hasta octubre para decidir si lo declara de interés nacional. Incluso si lo hace, los desafíos de ingeniería, medioambientales y de consulta indígena podrían alargar el proceso durante años. Como dice Ribu Dhakal, profesor de ingeniería civil de la Universidad de Columbia Británica: 'Van a pasarlo mal, pero es posible'. Por ahora, el camino parece tan fangoso como el suelo del Valle del Fraser.