Banff National Park, en Alberta, registra un nuevo tope de visitantes con 4,5 millones en 2025-26, mientras se implementan medidas para distribuir la afluencia y proteger el entorno.

En Banff, el parque nacional más icónico de las Rocosas canadienses, se ha consolidado como imán para los viajeros: 4,5 millones de personas visitaron en el año fiscal 2025-26, según Parks Canada, superando el récord precedente de 4,28 millones en 2023-24.

Es una señal de que la afluencia turística no para y que la presión sobre este entorno sensible se ha vuelto, casi cada año, un reto mayor. Los números se contabilizan de abril a marzo, pero la tendencia se repite temporada tras temporada: más gente, más coches, más congestión y más debates sobre cómo gestionar un flujo que no parece disminuir.

La responsable interina del parque, Daniella Rubeling, afirma que Banff seguirá siendo un destino que la gente quiere visitar, pero que también hay que hacer que quienes vayan se vayan con la intención de dejar el lugar mejor de lo que lo encontraron.

La pandemia redujo la visita a tres millones, pero la recuperación fue rápida y con más meses de temporada alta.

Para intentar equilibrar la balanza, Parks Canada ha ido desgranando medidas a medio y largo plazo. Entre ellas, un piloto de tres años de estacionamiento de pago en Upper Hot Springs, con el objetivo de desalojar la zona de coches y liberar espacio para peatones y autobuses.

También se han implementado servicios de Roam Transit que conectan Lake Louise y Moraine Lake con Banff, y se está promoviendo que más visitantes dejen el coche en casa para reducir la congestión.

Además, un panel de expertos en movilidad sostenible, dependiente de Parks Canada, podría dar más información y recomendaciones a lo largo de este año.

El alcalde de Banff, Corrie DiManno, ha destacado la complejidad de encajar todas estas iniciativas dentro de plazos razonables, recordando que incluso un fin de semana de esquí muy concurrido puede provocar atascos si la gente llega a la vez.

De cara al futuro, los responsables señalan que puntos icónicos como Lake Louise, Moraine Lake y Banff siguen siendo destinos muy atractivos y que es clave estudiar el flujo de visitantes en cada lugar para diseñar soluciones específicas.

También se vigilan Bow y Peyto Lakes, y Emerald Lake en Yoho, como posibles focos de intervención, aunque todavía no hay planes inminentes.

Los defensores de la naturaleza advierten que, aunque la mayor parte del territorio permanece protegido, el impacto acumulativo de la gente es significativo.

Peter Duck, presidente de Bow Valley Naturalists, recuerda que el parque no es un mosaico de tres por ciento libre y 97 por ciento protegido: la presión constante tiene efectos reales sobre los ecosistemas.

En esa línea, la Sociedad Canadiense de Parques y Áreas Silvestres subraya que las estrategias de uso de visitantes ya están en marcha en Lake Louise y Lake Minnewanka, pero que sería útil un plan más amplio y coordinado a nivel regional.

En el frente de políticas, el Canada Strong Pass vuelve para este verano y facilita el acceso gratuito a parques nacionales durante meses clave, una medida que busca distribuir mejor la afluencia y aliviar la saturación en enclaves concretos.

En términos demográficos, se estima que el 70% de los visitantes de Banff proviene de la región para uso diario; con el crecimiento de Calgary y el sur de Alberta, se ve tanto desafío como oportunidad para la gestión del parque.

Banff celebra además su 140 aniversario, recordatorio de que este parque nació en 1885 para convertirse en el primer gran pulmón de las Montañas Rocosas de Canadá y en un símbolo de la relación entre naturaleza y sociedad.

En suma, 4,5 millones en 2025-26 no son solo una cifra: son una brújula para una Banff que quiere seguir abierta, pero también sostenible, cuidando el territorio, la fauna y las comunidades que dependen de él.