La provincia canadiense de Alberta lucha contra una invasión de peces dorados liberados ilegalmente en sus aguas. Estos peces, que pueden alcanzar el tamaño de un plato, se reproducen rápidamente y amenazan los ecosistemas nativos.

El gobierno de la provincia canadiense de Alberta ha lanzado una alerta por la creciente presencia de peces dorados en sus ríos, lagos y estanques. Lo que empezó como mascotas domésticas se ha convertido en una amenaza ecológica. Según las autoridades, estos peces ya han establecido poblaciones en más de 100 puntos de la provincia, y cada año aparecen nuevos focos.

El problema no es menor: los peces dorados (Carassius auratus) son sorprendentemente adaptables. Pueden sobrevivir a los duros inviernos de Alberta, donde los cuerpos de agua se congelan, y además se reproducen a un ritmo alarmante. Una sola hembra puede producir hasta 40.000 crías en tres años. Compiten con las especies nativas por el alimento y el espacio, y como no son exigentes con su dieta, devoran casi todo lo que cabe en su boca.

¿Cómo llegaron hasta allí? La mayoría de las veces, la gente los libera intencionadamente en estanques y lagos, pensando que están haciendo un bien al deshacerse de su mascota.

Pero esta práctica es ilegal y conlleva multas de hasta 100.000 dólares canadienses o incluso penas de prisión. La campaña "No lo sueltes" (Don't Let It Loose) busca concienciar a la población.

La especialista en especies invasoras Nicole Kimmel explica que estos peces no llegan a los ríos a través de las alcantarillas, sino que son vertidos directamente por sus dueños.

Además, advierte que al soltar un pez dorado también se pueden introducir caracoles, enfermedades o fragmentos de plantas que alteran el ecosistema.

El biólogo Nicholas Mandrak, de la Universidad de Toronto, estudia el problema y señala que los estanques de tormenta, que recogen el agua de lluvia cerca de las viviendas, son el lugar ideal para que los peces se reproduzcan.

"Están junto a las casas, son sitios convenientes para liberar a los peces, y además son más cálidos que los lagos, lo que acelera su crecimiento", dice.

Cuando se detecta una plaga, las autoridades no tienen más remedio que eliminar a todos los peces del estanque, ya sea mediante productos químicos o vaciando el agua por completo.

Es una medida drástica que podría evitarse si la gente no soltara a sus mascotas.

Este fenómeno no es exclusivo de Alberta. En Ontario también se han registrado casos, y se teme que el problema se extienda por todo el país. En España, aunque el pez dorado no es una amenaza tan grave, sí existen otras especies invasoras como el mejillón cebra o el cangrejo rojo americano que causan estragos en los ecosistemas acuáticos.

La historia del pez dorado como mascota se remonta a la China antigua, donde se criaban en estanques ornamentales. Llegaron a Europa en el siglo XVII y a América del Norte en el XIX. Pero en libertad, su capacidad de adaptación los convierte en invasores potenciales. Por eso, las autoridades piden responsabilidad: si ya no quieres a tu pez dorado, nunca lo liberes en la naturaleza.