Una inversora canadiense impulsa la impresión 3D de paredes para viviendas, mientras proyectos piloto muestran potencial y retos para escalar la tecnología ante la crisis de vivienda.
Una ciudadana canadiense, Linda Reisman, ha apostado por la construcción de viviendas mediante impresión 3D, invirtiendo casi 644.000 € en un brazo robótico capaz de imprimir paredes de concreto por capas. Su objetivo es imprimir la casa propia y, al mismo tiempo, abrir la posibilidad de producir viviendas para otras personas, con la esperanza de contribuir a frenar la crisis de vivienda que atraviesa Canadá.
El brazo impresor hace avanzar las paredes con rapidez y con un equipo reducido, aunque para completar una vivienda impresa se requieren puertas, ventanas, techos e instalaciones de fontanería y electricidad.
Expertos advierten que, si bien la tecnología acelera ciertas tareas, la adopción por parte de constructores tradicionales será clave para escalar.
El interés público se ha ido sumando a nivel federal: en 2024 el gobierno destinó unos 552 millones de euros (equivalentes a 600 millones de USD) para tecnologías innovadoras en vivienda, incluyendo la impresión 3D.
Por su parte, la Corporación de Vivienda y Hipotecas de Canadá (CMHC) ha aportado alrededor de €2,48 millones para proyectos como Horizon Legacy, ubicado en Gananoque, Ontario, a unos 35 kilómetros al noreste de Kingston.
En ese desarrollo participan 26 unidades, de las cuales 13 se imprimieron en 3D y ocho de ellas tendrán alquiler asequible, cercano a €920 mensuales.
Estas cifras muestran una intención de combinar asequibilidad con soluciones innovadoras en un país con una clara necesidad de vivienda.
Horizon Legacy, la empresa de automatización de construcción detrás del proyecto, sostiene que el uso de la impresión 3D simplifica el proceso constructivo al eliminar fases como tabicado, enrasado y otros acabados intermedios.
Sus responsables señalan que, con la tecnología, se acorta el tiempo de obra y se reduce la cantidad de mano de obra necesaria. Según Nhung Nguyen, CEO de Horizon Legacy, tras un año de trabajar con la impresora robótica Val, los costos de material se redujeron aproximadamente un 50% y la productividad se duplicó, lo que sugiere ahorros significativos a medida que más proyectos adopten la técnica.
La experiencia práctica de este piloto demuestra que la impresión 3D puede acelerar ciertos aspectos de la construcción, pero también revela límites prácticos: las paredes son solo una parte de una vivienda.
Se requieren puertas y ventanas, un buen sistema de techado y, sobre todo, instalaciones integradas de plomería y electricidad. Nguyen enfatiza que la colaboración con contratistas tradicionales es imprescindible para que el sistema funcione en un entorno real. “La tecnología es prometedora, pero necesitamos que los actores del sector crean en que funciona”, comenta.
Expertos señalan que la industria de la construcción es tradicional y lenta para cambiar de rumbo, comparable a un barco de gran tamaño que necesita tiempo para girar.
Michael Piper, profesor de urbanismo y diseño en la Universidad de Toronto, explica que imprimir paredes no resuelve todos los retos de un edificio: la sinergia entre encimeras, sistemas de fontanería y elécticos, además de códigos de edificación, regulaciones de zonificación y financiamiento, deben estar alineados con la nueva metodología.
Otro analista, Shelagh McCartney de la Universidad Ryerson, advierte que “la rapidez no siempre es la mejor” y que es crucial evaluar la idoneidad de la tecnología para cada región, antes de impulsar una adopción generalizada.
A la par de estas iniciativas, Horizon Legacy avanza con un proyecto adicional en Ohsweken, Ontario, en colaboración con Two Row Architect, para construir un complejo de tres pisos con todos los pisos impresos en 3D, ubicado en las Six Nations del Gran Río.
Si se consolida, podría ser uno de los proyectos indígenas de vivienda más grandes del mundo realizados con robots in situ, consolidando a Canadá como uno de los escenarios de innovación en construcción, a la vez que plantea preguntas sobre escalabilidad, mantenimiento y reconfiguración de estructuras impresas.
Históricamente, la impresión 3D en la construcción ha recorrido un camino que se remonta a las primeras décadas del siglo XXI, cuando comenzaron a surgir prototipos y obras piloto en varios países.
Aunque los resultados han sido mixtos y la adopción ha sido lenta, la industria ha visto avances notables en diseño, eficiencia y reducción de residuos.
En Canadá, como en otros lugares, la promesa es clara: posibilidad de viviendas más rápidas y, potencialmente, más asequibles, siempre que se resuelvan las barreras reguladoras, financieras y técnicas.
En resumen, la experiencia de Reisman y el proyecto Horizon Legacy indican que la impresión 3D tiene un papel potencial en la futura construcción residencial de Canadá, pero su verdadero impacto dependerá de la capacidad de los actores de la construcción para colaborar, adaptar normativas y escalar la tecnología de manera sostenible.
El camino hacia una adopción amplia aún está por recorrerse, y las próximas candidaturas de vivienda impresa en 3D serán determinantes para medir su viabilidad a gran escala.