Los trabajadores de Google se rebelan contra los recortes de personal. Más de 4.500 firmas exigen transparencia, mejores indemnizaciones y que se acaben los despidos injustos.
Google siempre ha sido el sueño de cualquier currante: sueldos de escándalo, comedores gratis, piscinas, y un ambiente de trabajo que parecía sacado de una peli.
Pero ese sueño se está convirtiendo en pesadilla. Más de 4.500 empleados han firmado una petición para que la dirección deje de jugar con sus vidas y les garantice un mínimo de seguridad laboral.
Los trabajadores están hasta las narices. Desde que en 2023 la empresa mandara a la calle a 12.000 personas, el miedo no ha hecho más que crecer. Ahora, con los recortes continuos en unidades como Google Cloud y la inversión millonaria en inteligencia artificial, la plantilla ha dicho basta. Un centenar de empleados se plantó ante la sede de Mountain View para entregar la petición al propio Sundar Pichai, el jefe supremo.
¿Qué piden exactamente? Lo primero, que si te echan, te paguen un finiquito digno, como el que dieron en enero de 2023. También quieren que la empresa dé prioridad a las bajas voluntarias antes de empezar a despedir a la fuerza. Y por si fuera poco, exigen que se carguen el sistema de evaluación GRAD, ese que obliga a los jefes a poner notas bajas a un número fijo de empleados.
Quieren que las notas se basen en el trabajo real, no en cupos.
Otro detalle importante: piden que la indemnización no sea un pellizco de golpe, sino que se alargue en el tiempo para no perder el seguro médico o el visado si eres extranjero.
Porque, oye, estar en Estados Unidos con un visado tied a tu trabajo es un sinvivir.
El sindicato Alphabet Workers Union, con su presidenta Parul Koul a la cabeza, ha dejado claro que la empresa antepone los beneficios a la gente. Y razón no les falta: mientras Google gasta millones en inteligencia artificial, recorta plantilla. Esto no es nuevo en el sector: otras tecnológicas como Meta, Amazon o Microsoft también han hecho lo mismo. Pero en Google la cosa tiene más morbo porque era el paraíso laboral.
De momento, la dirección no ha respondido. Los empleados han dado dos semanas para tener noticias. Si no las hay, igual la cosa se pone seria. Lo que está claro es que el mito del trabajo para toda la vida en Silicon Valley se ha ido al garete. Y los trabajadores, que antes callaban, ahora se organizan y protestan. Veremos en qué queda esto.