Un estudio revela que los gatos usan el acicalamiento mutuo como una forma pasivo-agresiva de conseguir lo que quieren, como una manta o un lugar para dormir. Aprende a distinguir entre un lametón cariñoso y uno interesado.
Seguro que has visto a tus gatos lamerse el uno al otro y has pensado: "Qué bonito, se quieren". Pues no siempre es así. Un nuevo estudio de la Universidad de Gante (Bélgica) publicado en la revista 'Applied Animal Behavior Science' revela que los gatos también usan el lametón como arma pasivo-agresiva para conseguir lo que quieren.
Vamos, que a veces te lamen no por cariño, sino para que te quites de en medio.
La investigadora Morgane Van Belle, especialista en comportamiento felino, tuvo la idea al observar a sus propios gatos, Fabio y Giovanni. Uno de ellos se tumbaba en una manta suave junto a la ventana y el otro se acercaba y empezaba a lamerle el cuello. Pero el lametón se convertía en mordisco y, al final, el gato de la manta se iba y el otro se quedaba con el sitio. "Parecía una competición", cuenta Van Belle.
Para el estudio, los investigadores pidieron vídeos de hogares con al menos dos gatos y recibieron material de 53 casas europeas. Analizaron cada comportamiento y descubrieron que a veces el acicalamiento mutuo es positivo, un refuerzo del vínculo social, pero otras veces tiene segundas intenciones.
¿Cómo distinguir un lametón amistoso de uno pasivo-agresivo? Los científicos observaron que el acicalamiento más conflictivo suele centrarse en el cuello, donde los gatos tienden a morderse en peleas de verdad.
Además, el gato pasivo-agresivo adopta una postura asimétrica, como imponiéndose sobre el otro, mientras que en el amistoso ambos tienen posturas similares.
El gato que recibe el lametón no parece disfrutarlo: bosteza, mueve la cabeza o se muestra molesto.
Esta conducta no es exclusiva de los gatos. Los primates, por ejemplo, se acicalan mutuamente para crear lazos, devolver favores o hacer las paces tras una pelea. Los caballos también lo hacen, y en las aves, el acicalamiento ayuda a mantener la pareja. De hecho, los primates llevan una especie de "contabilidad" de quién acicala a quién y durante cuánto tiempo. Pero en los gatos, este comportamiento tiene una función adicional: evitar peleas a gran escala. "Lamerse es una forma sutil de transmitir un mensaje", explica Van Belle. "Los gatos evitan peleas siempre que pueden porque usar garras y dientes implica riesgo de lesiones. Así que es una forma elegante de resolver conflictos".
Para los dueños de gatos, esta información es muy útil. La etóloga Suzanne MacDonald, de la Universidad de York, señala que distinguir entre un "ay, qué mono" y un "uy, que se van a pegar" puede ayudar a mejorar el bienestar de los felinos.
Kristyn Vitale, experta en comportamiento felino, añade que reconocer el lenguaje corporal permite a los cuidadores interpretar mejor las relaciones entre gatos y reducir conflictos.
Así que ya sabes: si ves que tu gato lame a otro en el cuello con postureo, quizá no es amor, sino una maniobra para quedarse con el sofá. Pero no te preocupes, Fabio y Giovanni, los gatos de la investigadora, se llevan bien a pesar de todo. "Su actitud general es muy buena, se acurrucan juntos, se lamen bien la cabeza y las orejas, y a veces se lamen para empezar a jugar", dice Van Belle.
O sea, que también hay lametones de verdad.
Este estudio nos recuerda que los gatos, domesticados desde hace miles de años (en el antiguo Egipto ya eran venerados), siguen siendo unos seres complejos.
Así que la próxima vez que veas a tus mininos acicalarse, fíjate bien: quizá no sea tan idílico como parece.