Un estudio canadiense publicado en Scientific Reports revela que el número de crías vivas condiciona la rapidez con la que las hembras de orca del norte recuperan la grasa corporal, incluso ante abundante alimento. Se emplearon drones para evaluar el estado físico y se discuten implicaciones para la conservación ante presiones ambientales.
Una investigación liderada por científicos canadienses indica que, incluso cuando hay abundante alimento disponible, las madres de orcas residentes del norte tardan más en recuperar su grasa corporal a medida que crecen las crías vivas.
El estudio, publicado en Scientific Reports, analiza cómo la condición física de estas ballenas se vincula con el cuidado que dedican a sus crías a lo largo de varios años.
Para estudiar la grasa, los investigadores no atraparon a los animales; emplearon drones que volaron a unos 30 metros de altura para capturar imágenes de las hembras adultas y permitir una estimación de la grasa corporal, especialmente la grasa situada detrás de la cabeza, zona que se utiliza como indicador por perderse la grasa con mayor rapidez.
Las imágenes se revisaron píxel a píxel para medir cambios en las manchas oculares y su relación con el estado nutricional de la madre.
El análisis abarcó 66 hembras adultas y reveló que el factor más determinante para la grasa corporal es el número de crías vivas que acompañan a la madre; cuanto más crías conviven, más difícil es que la madre recupere los niveles previos tras el parto, incluso cuando la comida es abundante.
Según Sharon Kay, bióloga y autora del estudio, la maternidad impone un costo muy alto, porque las madres dedican años a alimentar y cuidar a sus crías, lo que se traduce en una caída pronunciada de grasa durante aproximadamente tres años.
Algunos individuos no logran volver a su condición previa a la reproducción.
El equipo analizó también la interacción entre el comportamiento social de estas ballenas y su biología, destacando que el cuidado de los hijos que permanecen en la manada tras la lactancia exige esfuerzo sostenido de los adultos, incluso más allá de la etapa reproductiva.
Miembros del equipo, como Amy Rowley, subrayaron que la grasa de estas orcas se asocia principalmente con la grasa detrás de la cabeza, por lo que la observación a distancia puede ofrecer una estimación fiable de su estado de salud general.
Humana y ecológicamente, este hallazgo aporta una capa adicional para entender el porqué de las presiones que enfrentan estas poblaciones.
La investigación se situó en las orcas residentes del norte, cuyo rango abarca desde Alaska y las aguas costeras de Columbia Británica hasta el norte de Washington, y que están clasificadas como amenazadas en la Ley de Especies en Canadá.
Además de las presiones naturales, estas poblaciones están expuestas a contaminantes, ruido de tránsito marítimo y cambios climáticos que desplazan a sus presas, lo que agrava el estrés ambiental.
Los autores señalan que el resultado aporta una pieza clave para comprender la compleja red de factores que influyen en la supervivencia y el éxito reproductivo de estas ballenas sociales, y que enfatiza la necesidad de reducir las interferencias humanas en su hábitat para preservar su futuro.