Un estudio de la Universidad Trent sugiere que Toronto debe ser más dura con los coyotes problemáticos y recurrir a la eutanasia. Mientras, la ciudad defiende la convivencia y el ahuyentamiento. ¿Cuál es la solución?
Los coyotes se han convertido en un tema candente en Toronto. Un nuevo estudio académico firmado por el biólogo Dennis Murray, de la Universidad Trent, propone que la ciudad canadiense endurezca su estrategia para controlar a estos animales urbanos.
La principal recomendación: sacrificar a aquellos coyotes que se conviertan en una molestia persistente. La propuesta ha levantado ampollas entre defensores de los animales y activistas.
El estudio, publicado en la revista 'Frontiers in Ecology and Evolution', sostiene que Toronto espera demasiado antes de optar por la eutanasia, confiando en que el coyote problemático abandone el barrio por sí solo.
"Ahora mismo es como meter la cabeza en la arena y esperar lo mejor", critica Murray.
En los últimos años, los encuentros entre coyotes y personas se han disparado, especialmente en los barrios céntricos de Liberty Village y Fort York.
Desde 2020, se han registrado nueve mordeduras a humanos y cientos de ataques a perros, algunos mortales. Aunque en lo que va de 2026 no ha habido ataques en Toronto, en el área metropolitana tres personas fueron mordidas el mes pasado, incluido un niño pequeño en Whitby que sufrió heridas graves en la cara.
La respuesta actual de la ciudad se basa en la "convivencia" y el "ahuyentamiento" (hazing), que consiste en agitar bolsas de basura, gritar, silbar o lanzar objetos hacia el animal.
La estrategia fue aprobada por el concejo municipal el año pasado y categoriza los encuentros en varios niveles, desde un avistamiento simple hasta un ataque a humano, con medidas graduales que pueden llegar a la eutanasia o reubicación en santuarios.
Pero Murray argumenta que el ahuyentamiento rara vez funciona a largo plazo. "Los estudios muestran que el ahuyentamiento solo produce una evitación medible cuando se aplica de manera consistente e intensiva en las primeras etapas de habituación, e incluso así los efectos suelen ser de corta duración", escribe en el artículo, coescrito con dos miembros de la Coalición de Seguridad contra Coyotes, un grupo vecinal que exige medidas más contundentes.
El investigador no aboga por una matanza generalizada, sino por identificar a los reincidentes y aplicar la eutanasia de forma selectiva. "Puedes agitar la bolsa de basura todo lo que quieras, pero no van a romper ese patrón de comportamiento", insiste.
Sin embargo, la ciudad defiende su enfoque. En un correo electrónico, la portavoz Mahreen Dasoo afirmó que "la convivencia y el ahuyentamiento funcionan" y que "los programas de coexistencia son considerados una mejor práctica en la gestión de vida silvestre".
Además, señalan que la eliminación de coyotes ha sido históricamente costosa, ineficaz y contraproducente.
Camille Labchuk, directora ejecutiva de Animal Justice, cuestiona las conclusiones del estudio. "Matar coyotes por un problema que los humanos hemos creado, como la pérdida de su hábitat, es una solución injusta", opina. Propone la reubicación como alternativa, aunque la ciudad la descarta por inviable debido a normativas provinciales que limitan el traslado a un kilómetro.
Históricamente, los coyotes han expandido su rango por toda Norteamérica adaptándose a entornos urbanos. Toronto no es una excepción: la pérdida de espacios naturales ha empujado a estos animales a buscar comida en la ciudad, lo que genera conflictos. Expertos en fauna urbana señalan que la clave está en reducir los atrayentes, como la basura o la comida para mascotas, y educar a la población.
Mientras el debate continúa, los vecinos de Liberty Village, como Elanja Corosky, se muestran divididos. "Como amante de los animales, no quiero que sacrifiquen a ninguno, ni siquiera a los coyotes. Pero si suponen una amenaza, hay que hacer algo", reflexiona.
El estudio de Murray busca proporcionar a los municipios información para tomar decisiones más informadas y rápidas. Queda por ver si Toronto modificará su estrategia o seguirá apostando por la convivencia.