Análisis federal sitúa al tejón americano en las praderas como especie de interés especial, señalando riesgos comparables a los de poblaciones en Ontario y Columbia Británica, y destacando amenazas como pérdida de hábitat y atropellos.
El tejón americano, la única especie de tejón que habita en América del Norte, está sujeto a una evaluación reciente que lo coloca en una categoría de especial interés en las praderas canadienses.
Este estatus, definido por el Comité sobre el Estado de la Fauna Silvestre en Canadá (COSEWIC), no implica una amenaza directa de extinción, pero sí señala que, sin medidas de protección, podría evolucionar hacia categorías más preocupantes.
La población afectada abarca principalmente las áreas de Alberta, Saskatchewan y Manitoba, y se extiende en algunas zonas limítrofes de Columbia Británica y Ontario.
En contraste, otras poblaciones del país —en el suroeste de Ontario y en el interior de la Columbia Británica— figuran como en peligro y son estimadas con menos de 250 ejemplares adultos en cada región.
Estas diferencias regionales subrayan la complejidad de la conservación de un animal que ha estado vinculado históricamente a los ecosistemas de las praderas.
Los científicos afirman que estimar cuántos tejones hay es difícil debido a su comportamiento elusivo y a su preferencia por las madrigueras subterráneas, pero el consenso señala que existen riesgos claros que podrían disminuir aún más estas poblaciones si no se interviene.
Entre los factores de mayor preocupación se destacan la pérdida de hábitat por la expansión de la agricultura y la urbanización, la colisión con vehículos en carreteras y la caza o la muerte por parte de propietarios de tierras en algunas zonas.
Aunque la especie figura como sensible en Alberta desde hace más de dos décadas, lo que implica protección y vigilancia, también se la considera caza y trampa autorizadas en ciertos contextos, lo que añade presión adicional a las poblaciones.
Un componente clave de la conversación científica es el papel del tejón como “ingeniero de ecosistemas” en las praderas. Sus grandes madrigueras permiten el refugio y la persistencia de numerosas especies, y estudios han mostrado que, en áreas donde desarrollan sus guaridas, se observa una mayor diversidad de fauna asociada.
En este sentido, la preservación de sus hábitats no solo apoya a los tejones, sino a un conjunto más amplio de organismos que dependen de los paisajes de pradera.
Un estudio de la Universidad de Wyoming de 2021, citado por especialistas, identificó al menos 31 especies distintas que utilizan las madrigueras de los tejones, subrayando el papel de estos animales como piedras angulares de la red ecológica de la región.
En Alberta, la vigilancia de la fauna silvestre incluye programas que documentan pérdidas por atropellos en las carreteras. En 2024 se registraron más de un centenar de tejones fallecidos en incidentes de tráfico, cifras que ilustran la presión adicional que enfrentan las poblaciones cuando las infraestructuras se conectan con zonas de hábitat natural.
Los biólogos de la región señalan que, frente a estas amenazas, la coexistencia entre desarrollo humano y fauna silvestre debe basarse en estrategias de gestión que reduzcan el impacto de las carreteras y al mismo tiempo eviten conflictos con la actividad agropecuaria.
Mientras tanto, las expectativas de conservación para las próximas décadas dependen de decisiones políticas y de manejo que reconozcan el valor ecológico de los tejones.
El COSEWIC sostiene que la designación de ‘interés especial’ no es un permiso para la inacción: requiere monitoreo continuado, medidas de protección específicas y la promoción de prácticas que minimicen la perturbación de las madrigueras y los hábitats clave.
En el debate público, los defensores de la biodiversidad advierten que Canadá posee uno de los ecosistemas de pradera más amenazados del mundo, y que la salud de estos ecosistemas depende, en gran medida, de la capacidad de conservar especies como el tejón americano, que han llegado a simbolizar la fragilidad y la resiliencia de estos paisajes.
Mientras la conversación avanza, científicos y comunidades rurales podrían beneficiarse de enfoques que integren la ciencia con las necesidades locales, buscando soluciones que permitan una coexistencia más armoniosa entre la vida silvestre y el desarrollo humano.
En ausencia de precios a integrar en esta crónica, la conversación se centra en la valoración ecológica y en las herramientas de manejo que podrían mantener a las praderas como un mosaico funcional de especies y procesos, donde el tejón americano continúa siendo una pieza clave de un ecosistema que ha soportado siglos de cambios.
En definitiva, la designación de interés especial para la población de las praderas invita a reflexionar sobre la manera en que Canadá protege su patrimonio natural y qué legado quiere dejar para las generaciones futuras.