Una iniciativa internacional entre zoológicos, centros de investigación y el gobierno de Bermuda ha impulsado la recuperación de la mayor Bermuda land snail, desplazada al borde de la extinción, gracias a la cría en cautiverio y a la reinserción controlada en hábitats protegidos.

En Bermuda, una pequeña población de caracoles terrestres endémicos ha pasado de estar al borde de la desaparición a mostrar signos claros de recuperación.

Hace una década, la única población superviviente identificada de estos caracoles endémicos fue hallada en un estrecho callejón de Hamilton, la capital, aferrada a losas de hormigón y a la humedad provocada por un aire acondicionado que goteaba.

A partir de ese hallazgo nació un programa ambicioso de cría en cautiverio y reintroducción, diseñado para devolver a estas criaturas a su hábitat natural dentro de los bosques protegidos de la isla.

Este esfuerzo, que reúne al Chester Zoo del Reino Unido, a Biolinx Environmental Research de Canadá y al gobierno de Bermuda, ha permitido criar y liberar más de diez mil ejemplares durante los últimos siete años, con resultados que ya se empiezan a ver en varios sitios de las islas.

Los esfuerzos se centraron en la liberación en múltiples sitios de la región insular: más de veintisiete ubicaciones han recibido ejemplares reintroducidos, y aunque no todos los intentos han prosperado, seis islas cercanas han mostrado una mejora sostenida en las poblaciones y la extensión de su territorio.

En el primer sitio de reinserción que mostró signos de estabilidad, la isla Nonsuch, una reserva natural de dieciséis acres, se ha convertido en un ejemplo de gestión conservacionista.

Para Mark Outerbridge, funcionario de biodiversidad de Bermuda, Nonsuch representa un verdadero museo vivo de Bermuda anterior a la era colonial, donde las prácticas de manejo humano y de especies no nativas se aplican para limitar impactos y mantener la integridad ecológica del lugar.

La historia de estos caracoles, conocidos en la comunidad científica como P. bermudensis, subraya su papel fundamental dentro de los ecosistemas isleños. A escala ecológica, actúan como descomponedores, descomponiendo la hojarasca y devolviendo nutrientes al suelo, mientras que sus caparazones aportan calcio a depredadores nativos como aves y reptiles, en un ciclo que mantiene saludable el entorno.

Los propios investigadores destacan lo «bonitos» y llamativos que resultan estos caracoles, con patrones que enriquecen la diversidad visual de las zonas húmedas.

El tamaño reducido, de apenas unos pocos centímetros, contrasta con la relevancia que tienen para la estructura de la comunidad biológica.

No obstante, el camino de regreso no está exento de riesgos. Bermuda continúa enfrentando pérdidas de hábitat y la presencia de depredadores invasivos, factores que complican la sostenibilidad a largo plazo de las colonias reintroducidas.

En consecuencia, la labor de contención y prevención de futuras invasiones permanece como prioridad. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) mantiene a P. bermudensis en una categoría de alto riesgo, recordando que el mantenimiento de hábitats protegidos y la vigilancia constante son esenciales para evitar que la especie vuelva a atravesar una nueva amenaza de extinción.

En este sentido, la revista académica y la propia IUCN celebraron, la semana pasada, los avances logrados a través de la iniciativa Reverse the Red, que reconoce esfuerzos para reducir la pérdida de biodiversidad.

Más allá de la historia de Bermuda, este caso ilustra un enfoque de conservación que combina ciencia, educación y cooperación internacional. Los responsables destacan la necesidad de seguir invirtiendo en programas de cría en cautiverio, en la monitorización de poblaciones y en campañas de sensibilización para que comunidades locales y propietarios de tierras comprendan la importancia de evitar interferencias no deseadas con las especies endémicas.

Si las condiciones permanecen favorables y se mantienen las medidas de protección, la población de P. bermudensis podría consolidarse como un ejemplo sostenible de recuperación de una especie isleña, inspiración para iniciativas similares en otros archipiélagos vulnerables.