Un científico canadiense de Caltech es asesinado en California y su muerte, junto a otras desapariciones de especialistas, desata un debate sobre la seguridad de quienes trabajan con proyectos sensibles en EE. UU.

Un crimen violento frente a su casa en el sur de California dejó a la comunidad científica en shock a mediados de febrero. Carl Grillmair, astrofísico nacido en Calgary, fue abatido a tiros ante su residencia, en una zona tranquila de los suburbios de Los Ángeles. Grillmair había dejado Canadá para unirse a Caltech y trabajar en el Instituto de Procesamiento e Análisis de Infrarrojos (IPAC), una instalación que colabora con la NASA en un abanico de investigaciones sobre el universo profundo.

Grillmair, de 67 años, acumuló reconocimientos a lo largo de su carrera, y en 2011 recibió la Medalla de Logro Científico Excepcional de la NASA por su labor con telescopios y estudios sobre exoplanetas y la estructura de la galaxia.

Sus colegas lo describen como un investigador metódico que hacía casi detective work para entender eventos que ocurrieron hace miles de millones de años.

Dos días después del crimen, un vecino de Llano, California, de 29 años, Freddy Snyder, fue detenido y acusado de su asesinato. Las autoridades indican que, aunque todos tienen derecho a la presunción de inocencia, las autoridades parecen seguras de haber capturado al presunto agresor.

En declaraciones a los medios, los agentes señalaron que, por ahora, no hay indicios de que la víctima y el presunto asesino se conocieran personalmente.

Este hecho ha avivado una conversación en línea y en algunos foros sobre una cadena de muertes y desapariciones de científicos vinculados a trabajos gubernamentales o académicos relacionados con secretos nucleares o tecnología espacial desde 2023.

En Washington, el presidente de la comisión de supervisión de la Cámara, James Comer, junto a Eric Burlison, anunciaron que examinarán las desapariciones y muertes de más de una decena de personas asociadas a tales áreas para ver si hay una amenaza para la seguridad nacional.

Comer calificó la situación de 'no creíble' si se la mira como mera coincidencia, y Burlison añadió que el supuesto patrón merece una investigación.

El FBI, según varios informes, está liderando ahora el esfuerzo para buscar posibles vínculos entre estos casos. En medio de la tensión política, algunos críticos señalan que presentar estas muertes como un 'patrón' sin evidencia sólida puede ser engañoso; otros, en cambio, sostienen que el cúmulo de incidentes merece escrutinio.

Entre los casos citados figuran la desaparición de Neil McCasland, general retirado y antiguo líder del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, visto por última vez en Albuquerque; la muerte de Nuno Loureiro, investigador del MIT que trabajaba en fusión nuclear, y otros incidentes que la cobertura ha unido en una narrativa de alerta.

También se mencionan casos en instituciones como Los Álamos y Brown University, con varias muertes y desapariciones que alimentaron hipótesis sobre vínculos con la seguridad nacional.

Los detalles siguen siendo materia de investigación y debate público, con distintas interpretaciones sobre si hay un hilo conductor o si se trata solo de coincidencias estadísticas.

En la comunidad científica —y en la sociedad en general— la muerte de Grillmair reaviva la discusión sobre la seguridad de quienes trabajan con información delicada.

Sus colegas subrayan que su legado científico no debe verse empañado por conjeturas, y advierten que la manera en que se comunican estos temas puede influir en la percepción pública de la ciencia y de su relación con la política.

A la vez, este suceso recuerda que la vida de investigadores destacados puede verse afectada por circunstancias ajenas a su trabajo, desde problemas personales hasta tensiones propias de un entorno de alta competitividad y secrecía.