Un análisis del cromosoma X en Neanderthales y en mujeres modernas africanas sugiere que la herencia humana en Neanderthales provino principalmente de las madres, con posibles explicaciones sobre preferencias de apareamiento y migración.

Un estudio publicado en Science sugiere que cuando Neanderthales y Homo sapiens se cruzaron, la mayor parte del ADN humano hallado en el genoma neandertal provino de sus madres.

Un equipo de la Universidad de Pensilvania analizó el cromosoma X en tres hembras neandertales antiguas y en setenta y tres mujeres modernas de África subsahariana sin herencia neandertal, con el objetivo de entender cuánta herencia humana portaban estos cromosomas y qué puede revelar sobre sus relaciones.

El hallazgo muestra que las hembras neandertales tenían un porcentaje notablemente mayor de ADN humano en el cromosoma X que en el resto de su genoma, los autosomas.

En el ejemplar neandertal más antiguo de la muestra, con una antigüedad de unos 122.000 años, la proporción humana en el cromosoma X era hasta un 62% mayor que en otros cromosomas. Estas diferencias no se detectan en las regiones que tienen función clara, lo que llevó a los investigadores a proponer diversas explicaciones.

Alexander Platt, uno de los científicos, señaló varias explicaciones posibles. Una es que los genes humanos presentes en el cromosoma X fueran más compatibles con el organismo neandertal y reemplazaran a los genes autóctonos, especialmente en regiones con genes importantes.

Sin embargo, el equipo observó que la mayor parte de los cambios ocurría en regiones que no cumplen una función clara, lo que complica esa interpretación.

Una segunda explicación propone que la preferencia de apareamiento favoreció a parejas con más ascendencia humana en las mujeres. Es decir, los hombres con mayor herencia neandertal se aparearon con mujeres que tenían más ascendencia humana, lo que habría hecho que la transmisión del cromosoma X favoreciera la herencia humana a la siguiente generación en mayor medida que en el caso inverso.

Dado que las mujeres aportan dos cromosomas X y los hombres solo uno, esta dinámica podría explicar gran parte de la asimetría observada entre el cromosoma X y los autosomas.

El equipo advierte que no se debe descartar que existan otras combinaciones de factores. Distintos patrones de migración entre hombres y mujeres y selección natural que favoreciera ciertos genes humanos en el sistema reproductivo y otras funciones podrían haber contribuido a este fenómeno.

El análisis no cierra la puerta a más explicaciones, pero abre una vía para entender mejor la forma en que estas dos especies intercambiaron rasgos a lo largo de decenas de miles de años.

Damian Labuda, profesor de la Universidad de Montreal, comentó que el nuevo estudio resulta fascinante y que, aunque no se pueden descartar otras posibilidades, sugiere que los primeros híbridos entre neandertales y humanos pudieron haber mostrado comportamientos sociales complejos y una diversidad de movimientos migratorios que dejaron huellas en la herencia de su cromosoma X.

También menciona investigaciones anteriores que sugieren que las madres neandertales podrían haber enfrentado retos de fertilidad en su descendencia, lo que podría haber influido en las pautas de apareamiento.

En resumen, este trabajo establece una ruta importante para entender cómo se dio la mezcla entre neandertales y humanos. No fue solo un cruce biológico, sino un proceso con influencia en la forma en que la descendencia heredó rasgos de cada lado. Aunque las pruebas requieren replicación, la mirada al cromosoma X abre una vía para entender mejor las dinámicas sociales de estas poblaciones antiguas y el mosaico genético compartido hoy.

Estos hallazgos se inscriben en un marco histórico más amplio: los humanos modernos se originaron en África, mientras que los neandertales se expandieron por Europa y Asia; sus encuentros ocurrieron en varias oleadas a lo largo de decenas de miles de años, dejando una huella genética que hoy se observa en la mayoría de las personas fuera de África subsahariana.

Los científicos continúan investigando para aclarar cuántas generaciones se necesitaron para que estas influencias se consolidaran y si hubo efectos visibles en rasgos humanos actuales.