Un equipo canadiense ha observado que fragmentos de tejido de un pepino de mar rojo pueden mantenerse activos durante años, sin convertirse en un nuevo individuo ni morir por completo. El estudio, publicado en Science Advances, abre preguntas sobre regeneración, longevidad celular y qué significa estar vivo.
Un hallazgo que suena a ciencia ficción llega desde un laboratorio de Newfoundland y Labrador, en Canadá. Un grupo de investigadores, liderado por la estudiante doctoral Sara Jobson de la Memorial University, ha puesto sobre la mesa algo que cambia cómo entendemos la vida a nivel de tejido: trozos amputados de tejido de un pepino de mar rojo, conocido científicamente como psolus fabricii, pueden seguir existiendo durante años sin convertirse en otro pepino de mar ni morir por completo.\n\nEl trabajo, que pronto verá la luz en la revista Science Advances, describe qué pasó cuando se apartaron trozos de tentáculos y de las estructuras que usan para moverse del pepino de mar y se colocaron en agua de mar para observar su comportamiento a lo largo del tiempo.
Al principio, el tejido amputado parece desangrarse y degenera, como ocurre con la mayoría de los tejidos cortados. Pero, sorprendentemente, las porciones sanan la herida sellando el borde expuesto y, con el paso de los años, se transforman en cuerpos translúcidos y redondos que alojan un núcleo rojo.
No se trata de una reproducción ni de una regeneración en forma de un nuevo pepino de mar, sino de una especie de unidad biológica nueva que permanece estable, viva pero no reproductiva.
Eso es lo que los autores han acuñado como “tissue zombie” o tejido zombi: una forma de vida intermedia entre lo vivo y lo inerte.\n\nEste misterio, descrito con detalle en el estudio, está lejos de ser una simple anécdota. Los trozos de tejido absorben nutrientes, mantienen un sistema inmunitario activo y muestran respuestas ante posibles amenazas microbianas, pero no crecen ni se convierten en un organismo completo.
Es decir, siguen vivos en el sentido de que las células se mantienen funcionales, pero no generan descendencia ni vuelven a ser un pepino de mar. Este comportamiento ha llevado a los científicos a preguntarse qué significado evolutivo podría existir, si alguno, y qué nos dice sobre la longevidad y el envejecimiento a nivel celular.
En palabras de Jobson, estos fragmentos ocupan una línea de separación entre vida y muerte y obligan a replantear conceptos que parecían fijos.\n\nPara entender mejor el fenómeno, el equipo realizó pruebas en condiciones controladas, manteniendo los fragmentos en agua salada y observando su evolución durante años.
Lo que se observa es una especie de limpieza de la herida: el tejido reparado rodea la zona amputada y, con el tiempo, se modela en una forma estable que parece funcionar como una pequeña unidad biológica autónoma.
Sin embargo, estas unidades no se dividen ni se multiplican; tampoco muestran signos de desarrollo en un segundo individuo. Esta dicotomía entre vida y no vida es precisamente lo que les da el nombre de zombies de laboratorio.\n\nLa especie en cuestión, el pepino de mar rojo o psolus fabricii, vive en el Atlántico Norte y se puede localizar en aguas cercanas a la provincia de Newfoundland y Labrador.
Aunque el hallazgo se produjo en un entorno de laboratorio, los científicos apuntan a que estas muestras pueden ser útiles para investigar procesos de regeneración, envejecimiento celular y respuestas inmunitarias a nivel tisular.
No está claro, por ahora, si este comportamiento ofrece alguna ventaja evolutiva para la especie, pero la posibilidad de estudiar células que pueden mantenerse vivas sin estar en un organismo completo abre vías para la biología regenerativa, la medicina y la biotecnología.\n\nUna lectura más amplia del hallazgo sitúa el contexto histórico de la ciencia curiosa que a menudo revoluciona las preguntas que otros descartan como poco probables.
Jobson agradece el enfoque de curiosidad impulsada que sostiene el laboratorio dirigido por Annie Mercier en Memorial University: cuando se permiten preguntas poco convencionales, las respuestas más fascinantes pueden emerger.
Este tipo de investigación, que algunos podrían llamar de ciencia básica, tiene el potencial de generar nuevos enfoques para entender cómo las células envejecen, cómo se pueden activar respuestas inmunitarias a nivel tisular y qué otros misterios aún no sabemos sobre la vida en estados que bordean la existencia.\n\nMás allá de la curiosidad científica, este hallazgo podría influir en otras áreas, desde la conservación de especies marinas hasta la bioingeniería.
Si se logra caracterizar mejor por qué estas unidades tisulares se mantienen estables y qué mecanismos evitan su envejecimiento o su colapso, podría haber implicaciones para el desarrollo de modelos de organoides más complejos o para la preservación de tejidos en condiciones extremas.
En cualquier caso, la investigación de Jobson y su equipo marca un hito: una nueva ventana para observar la vida a través de una lente completamente nueva, que puede obligar a reescribir lo que entendemos por vivir, morir y regenerarse, incluso si, por ahora, estos tejidos zombi no desbordan la frontera de la reproducción.