Un empleado de una empresa pesquera en Bay de Verde, Terranova, grabó a una ballena franca del Atlántico Norte nadando justo frente a su oficina. La especie, con menos de 400 ejemplares en el mundo, es una de las más amenazadas. El avistamiento, inusual en la zona, ha emocionado a los científicos.
Kristinn Skulason llevaba 28 años trabajando como gerente regional de Quinlan Brothers Ltd. en Bay de Verde, un pequeño pueblo en la bahía de Conception, en Terranova. Pero nunca había visto algo así. A principios de julio de 2026, mientras miraba por la ventana de su oficina, divisó una ballena nadando tranquilamente dentro del puerto. «No recordaba haber visto una ballena dentro del puerto en todos estos años», dijo a la CBC. «Suelen verse fuera del rompeolas cuando hay capelán, pero esto era inusual». Sin perder tiempo, agarró su teléfono y comenzó a grabar.
Las imágenes las compartió primero con amigos y luego en redes sociales. Pronto recibió mensajes de «gente del mundo de las ballenas», como él los llama, que le confirmaron que no era una ballena cualquiera: era una ballena franca del Atlántico Norte (Eubalaena glacialis), una de las especies de ballenas más amenazadas del planeta.
Se estima que solo quedan unos 380 individuos en todo el mundo. La ballena, identificada como Goldfish (Pez Dorado), había sido vista por última vez en el golfo de San Lorenzo en 2023.
«Me quedé sin palabras por un minuto, pero me alegro de haber grabado el video», confesó Skulason. La noticia llegó hasta Brett Gilchrist, director de programas nacionales del Departamento de Pesca y Océanos de Canadá (DFO), quien confirmó la identificación.
Gilchrist explicó que las ballenas francas tienen un rango que va desde Islandia, al norte, hasta Europa y el golfo de México. Cuando están en Canadá, suelen seguir a los copépodos, pequeños crustáceos que son su principal alimento. Lo más común es verlas concentradas en la Bahía de Fundy o en el golfo de San Lorenzo, no en la costa norte de Terranova.
«Esta ballena probablemente estaba buscando comida», señaló Gilchrist, quien agregó que, según las fotos y el video, el animal parecía estar sano.
El avistamiento fue reportado al DFO, que emitió un «aviso de vigilancia» pidiendo a los pescadores de la zona extremar las precauciones. En áreas donde suelen concentrarse las ballenas francas, el DFO cierra la zona de pesca durante 15 días o hasta que se confirme que la ballena se ha ido.
Pero en este caso, al tratarse de un avistamiento aislado, no se cerró la pesca, solo se pidió cautela.
Las ballenas francas del Atlántico Norte son grandes, lentas y de color oscuro, sin aleta dorsal. Se llaman así porque los balleneros las consideraban las «ballenas adecuadas» para cazar: flotaban después de muertas y daban mucho aceite y barbas.
Precisamente por eso fueron diezmadas durante siglos. Aunque la caza comercial de ballenas está prohibida desde 1986, la especie nunca se ha recuperado del todo. Hoy sus principales amenazas son las colisiones con barcos y los enredos en artes de pesca. Se calcula que menos de 100 hembras reproductoras sobreviven, lo que hace que cada avistamiento sea una noticia esperanzadora.
El avistamiento de Goldfish ha sido un recordatorio de que estas criaturas aún luchan por sobrevivir en un océano cada vez más humanizado. Para Skulason, fue un momento mágico: «Nunca había visto algo así. Estoy muy agradecido de haberlo grabado». Y es que, a veces, la naturaleza se asoma justo donde menos lo esperamos.
Si alguna vez ves una ballena franca, el DFO recomienda anotar la fecha, la hora, la ubicación (GPS si es posible), su comportamiento y cualquier marca distintiva.
Y, por supuesto, sacar fotos, pero siempre manteniendo la distancia, ya que están protegidas por ley. No necesitarás zoom si está justo al otro lado del cristal de tu oficina.