Un campamento Paleo-Inuit hallado en Kitsissut, entre Groenlandia y Ellesmere Island, evidencia viajes marítimos estacionales y estancias recurrentes de comunidades antiguas en islas remotas hace más de 4.000 años.

Un equipo internacional de arqueólogos ha documentado el hallazgo de un campamento antiguo en Kitsissut, un archipiélago rocoso entre Groenlandia y Ellesmere Island, que data de entre 4.000 y 4.400 años atrás. Este sitio Paleo-Inuit ofrece una visión inesperadamente sofisticada de los primeros habitantes del área hoy marcada por la frontera Canadá-Groenlandia y de sus capacidades para viajar y permanecer en entornos marítimos extremos.

El conjunto de hallazgos incluye al menos 18 anillos de campamento grabados en las crestas de playa que emergen del océano con el paso de los siglos.

Cada anillo parece haber sostenido una tienda de piel de foca o de otro animal, anclada por una corona de piedras que podría haber mantenido tensados los bordes de las viviendas.

En el centro de la mayoría de estas estructuras había un hogar o fogón, con restos de madera flotada quemada y una posible línea de piedras que separaba la tienda en dos espacios funcionales para diferentes actividades.

La evidencia sugiere que el lugar era visitado y habitado de forma recurrente durante generaciones, lo que indica que Kitsissut funcionaba como un punto estratégico dentro de una red de rutas costeras.

Los investigadores estiman que llegar al sitio en canoa o en kayak habría requerido entre 12 y 15 horas de remo, dependiendo de las condiciones climáticas y del hielo estacional.

Si bien hoy en día la travesía resulta desafiante, en aquella época la población local habría sabido navegar entre islotes y bancos de hielo para explotar recursos marinos y costeros.

Entre los hallazgos figura un hueso de ave marina encontrado dentro de uno de los anillos, que fue datado por radiocarbono y situó la ocupación en el rango de 4.0 a 4.4 milenios atrás. Este periodo coincide con el surgimiento de una ecología rica en Kitsissut, impulsada por la formación de una polenoya de agua abierta llamada Pikialasorsuaq o North Water, que rompe el hielo marino y crea una vía de entrada de nutrientes y especies.

Este fenómeno climático fomenta floraciones de fitoplancton, alimentando una cadena trófica costera que atraía mamíferos marinos, aves y peces, y que a su vez ofrecía amplias oportunidades de caza para los Paleo-Inuit.

Los científicos señalan que la existencia de una polynya estableció un corredor ecológico clave en el High Arctic, permitiendo a comunidades humanas adaptar su tecnología y estrategias de movilidad a una red de recursos marinos.

El sitio demuestra que estos pueblos poseían conocimientos de navegación y tecnologías de construcción de embarcaciones ligeras elaboradas con pieles, huesos y madera, capaces de soportar las tensiones de una navegación costera en aguas frías y propensas a oleajes repentinos.

El estudio fue realizado entre 2017 y 2019 por un equipo formado por investigadores de la Universidad de Groenlandia/Ilisimatusarfik, la Universidad de Calgary y colaboradores inuit locales.

Entre los autores figura Mari Kleist y Pauline Knudson, junto a Matthew Walls, quien lidera la investigación en la Universidad de Calgary. Un arqueólogo de la Universidad de Toronto, Max Friesen, que colaboró en análisis, destacó que estos hallazgos sugieren una tecnología de navegación y una movilidad más avanzadas de lo que se había reconocido previamente para los Paleo-Inuit, con capacidad para desplazarse entre islas de manera repetida y para aprovechar recursos marinos a gran distancia de la costa.

La interpretación de este sitio aporta una perspectiva nueva sobre la interacción entre humanos y ecosistemas árticos en un periodo temprano y de gran dinamismo climático.

Al entender cómo las comunidades antiguas se adaptaron a entornos marinos complejos, los investigadores subrayan la importancia de los rasgos culturales, como la cooperación con comunidades indígenas locales en la realización de trabajos de campo y la apreciación de la historia compartida de la región.

Los científicos también subrayan que estas evidencias refuerzan la idea de que los pueblos del Ártico no dependían exclusivamente de la caza en tierra firme, sino que integraron con éxito estrategias marinas para asegurar su subsistencia.

En un contexto actual de cambios climáticos y derretimiento del hielo, comprender estas adaptaciones antiguas aporta claves sobre la resiliencia humana y la gestión sostenible de ecosistemas críticos en el norte.

Este hallazgo invita a seguir explorando Kitsissut y otras zonas cercanas, para entender mejor la red de rutas marítimas y los patrones de asentamiento que moldearon la historia de los habitantes del Ártico mucho antes de la llegada de exploradores modernos.

La cooperación con comunidades Inuit locales continúa siendo central, no solo para la recolección de datos, sino también para la preservación del patrimonio cultural y la interpretación responsable de los hallazgos.