La alcaldesa de Santander, Gema Igual, participó en la misa solemne y en la procesión terrestre en honor a la Virgen del Carmen, una celebración con más de un siglo de historia que une a vecinos y visitantes en el Barrio Pesquero.
Santander ha vivido uno de esos días que hacen a uno sentirse orgulloso de sus raíces. La alcaldesa, Gema Igual, no podía faltar a la cita con la Virgen del Carmen, la patrona de los que viven del mar, y este año ha vuelto a estar presente en el Barrio Pesquero, acompañando a los vecinos en la misa solemne y en la tradicional procesión terrestre.
La jornada empezó con la solemnidad de una misa en la parroquia del barrio. Allí, Igual estuvo acompañada por miembros de la Corporación municipal, pero también por muchas caras conocidas del barrio, esos que mantienen viva la llama de una tradición que ya viene de lejos.
Porque la Virgen del Carmen no es una fiesta cualquiera: es el día grande de los marineros, y en Santander, ciudad que siempre ha mirado al mar, es un momento de unión y de fe.
Después de la misa, llegó lo que todos esperaban: la procesión. Las calles del Barrio Pesquero se llenaron de gente, con la música de fondo y el calor del público. La imagen de la Virgen fue llevada por la Hermandad de Mujeres Costaleras y la Hermandad de Costaleros, que la portaron con devoción por todo el barrio.
No fue un paseo cualquiera; fue un recorrido cargado de emoción, porque cada paso recuerda a los que ya no están, a los que se fueron a la mar y no volvieron, y a los que siguen luchando cada día por sacar adelante a sus familias.
La alcaldesa no perdió la ocasión de felicitar a todos los que hacen posible esta fiesta. En especial, a la Asociación de Vecinos Sotileza, a las hermandades, a los voluntarios y a todos los colectivos que trabajan durante todo el año para que el barrio luzca así de bien.
Igual destacó que "esta festividad es un homenaje a nuestra identidad marinera, a esa forma de ser y de sentir que nos define como santanderinos". Y no le falta razón: la Virgen del Carmen no es solo una celebración religiosa; es el reflejo de una historia que viene de siglos atrás, cuando los pescadores salían en barcos de madera y se encomendaban a ella antes de hacerse a la mar.
Precisamente por eso, esta fiesta tiene tanta fuerza. No es una invención moderna; es algo que se ha transmitido de padres a hijos, que ha sobrevivido a guerras, a crisis y a cambios. Y en tiempos como los actuales, donde todo parece ir tan deprisa, mantener vivas estas tradiciones es más importante que nunca. Porque son las que nos recuerdan de dónde venimos y quiénes somos.
La alcaldesa también animó a vecinos y visitantes a seguir disfrutando de las actividades programadas, y subrayó el ambiente de convivencia que se respira estos días en el Barrio Pesquero.
Y es que, más allá de la fe, estas fiestas tienen algo especial: son un punto de encuentro para familias, para amigos, para gente de toda la vida que se reencuentra y para nuevos vecinos que se suman a la celebración.
La jornada festiva culminará esta noche con la procesión nocturna, el momento más esperado: la imagen de la Virgen será introducida en el mar, un gesto que emociona hasta al más pintado.
Ese instante en el que la patrona se adentra en las aguas es el broche de oro a un día que demuestra que Santander sigue siendo una ciudad con alma marinera, con tradición y con futuro.
Porque cuidar lo de siempre es la mejor forma de mirar hacia adelante.