Santander celebra la llegada de la primavera con la tradición de las Marzas en la Plaza del Ayuntamiento, con la alcaldesa Gema Igual y el grupo Jueves de Boleros como marcero mayor, y destaca la continuidad de esta manifestación cultural.

En la Plaza del Ayuntamiento de Santander se volvió a encender el canto de bienvenida a la primavera con la tradicional celebración de las Marzas. El acto, que cada año reúne a vecinos, grupos y autoridades, volvió a situar a la ciudad en el eje de la memoria musical regional. La alcaldesa Gema Igual participó en la apertura del evento, acompañada por el concejal de Protocolo, Álvaro Lavín, y protagonizó la entrega del título de marcero mayor al grupo Jueves de Boleros, una distinción que se mantiene como símbolo de continuidad en la cultura local.

Esta ronda marcera, con su repertorio de cantos cifrados y respuestas entre la calle Lealtad y las inmediaciones de las estaciones, volvió a llenar el centro de Santander durante esta mañana y el ambiente pasó de la curiosidad a la convivencia vecinal.

La alcaldesa destacó la labor del Coro Ronda Altamira para la continuidad de estas tradiciones y recordó que, desde 2015, esta agrupación figura como Bien de Interés Cultural Inmaterial, reconocimiento que ha contribuido a fortalecer la identidad musical de la ciudad.

Además, pidió a los santanderinos que compartan la experiencia en la calle y se sumen a las próximas actividades culturales que, según ella, “conectan pasado y presente” de una forma muy palpable para los residentes de todas las edades.

La Concejalía de Participación Ciudadana ha organizado un festival con motivo de las marzas para el próximo viernes 6 de marzo a las 19.00 horas en el centro cívico Juan de Santander. En la programación participarán el Coro Ronda Altamira, el Coro Ronda Besaya de Torrelavega y el colegio Atalaya, que sumarán voces y guitarras para mantener viva la tradición.

Presuntamente, el presupuesto destinado a este programa de actos asciende a unos 12.000 euros, cifra que incluiría logística, seguridad y promoción, aunque no ha sido publicada de forma oficial por el ayuntamiento.

Jueves de Boleros, la agrupación que recibirá el título de Marcero Mayor, nació alrededor de febrero de 1993 tras un encuentro entre amigos que compartían la misma pasión por la música.

Según el propio grupo, estas reuniones mensuales desde entonces han sido el motor de una personalidad musical muy particular: una forma de hacer música llena de alegría desbordante, con instrumentistas destacados y una convivencia entre voces que parece irrenunciable.

El relato del grupo habla de encuentros informales de los segundos y cuartos jueves de cada mes, que concluían con una jam improvisada donde, al terminar la cena, aparecían—supuestamente—una batería, un teclado, una guitarra y una colección de cantos que se fundían en una armonía que ha dejado huella en la ciudad.

La tradición de las marzas no es cualquier costumbre local: se remonta a siglos pasados en la región cantábrica y, con el tiempo, ha sido un símbolo de la identidad cultural que une a vecinos y visitantes cada inicio de marzo.

En Santander, la continuidad de esta práctica ha sido clave para mantener viva una voz colectiva que, año tras año, se transforma para acercar a las nuevas generaciones a canciones que históricamente marcaban la bienvenida a la estación más esperada del año.

Su declaración como Bien de Interés Cultural Inmaterial por el Gobierno de Cantabria en 2015 subraya su valor cultural y su capacidad para generar cohesión social.

La atmósfera de este domingo, entre cantos y el arte de la Ronda Altamira, volvió a recordar que la ciudad sabe guardar sus tradiciones sin perder la frescura de las generaciones actuales.

Este año, el calendario marca una cita adicional el próximo viernes, cuando la música de las marzas, el acompañamiento de coros y la voz de colegios como Atalaya dialogarán con las calles del centro, desde Lealtad hasta Burgos, consolidando una experiencia que no solo conmueve, sino que invita a abrazar la primavera con una sensación de pertenencia que difícilmente se sustituye.