Análisis de la evolución de los motores diésel, el Dieselgate, las normas de emisiones y su situación actual en Europa y Argentina, con datos sobre participación de mercado y ejemplos locales.
El diésel ha pasado por altibajos en el mercado automotor mundial. Durante años fue la opción preferida para vehículos pesados y para quienes cuidan el consumo, pero las reglas anti contaminación y los escándalos cambiaron el relato.
En 2015 saltó Dieselgate, una investigación que reveló que Volkswagen manipulaba las emisiones de varios motores con un software fraudulento. A partir de entonces, la reputación del diésel cayó y su futuro se fue tornando incierto.
En lo técnico, la clave está en la combustión y en el azufre. El gasoil de antaño traía mucho azufre y eso provocaba contaminación ambiental y también corrosión en el motor. Las versiones modernas, conocidas como diésel euro o premium, traen en su composición solo 10 partes por millón de azufre, frente a los 500 ppm de hace años.
A esa menor carga de azufre se suman los sistemas de catalización y, en muchos casos, el uso de aditivos como la urea para reducir óxidos de nitrógeno.
El resultado es una contaminación menor y motores que duran más si se mantienen adecuados.
En Europa, estas mejoras han cambiado la foto del mercado. Según ACEA, hoy los vehículos diésel de 0 km representan solo el 7,7 por ciento de las ventas totales, mientras que en 2017 la cuota alcanzaba el 46,3 por ciento.
La electrificación ha entrado con fuerza: coches enteramente eléctricos e híbridos ganan terreno por su ahorro de combustible y porque son más silenciosos.
Aunque hay países donde el diésel aún conserva peso, como Alemania, Italia y España, la tendencia es clara: menos diésel en la calle y más movilidad eléctrica.
¿Qué pasa en la Argentina? El escenario es distinto. En el parque automotor, los diésel rondan aproximadamente el 25 por ciento, si miramos todo, usados y 0 km. Pero cuando miramos solo los modelos nuevos, el diésel baja porque la oferta se concentra casi en su totalidad en las pickup y los utilitarios. La Toyota Hilux es la protagonista indiscutible de este segmento y suele liderar patentamientos, producción y exportaciones. Otros protagonistas en la región son Ford Ranger, Volkswagen Amarok, Fiat Titano y Ram Dakota; entre brasileños está la Chevrolet S10 y la Nissan Frontier; entre tailandeses la Isuzu D-Max y la Mitsubishi L200; y entre chinos hay opciones como la Foton Tunland o la Maxus D90 entre varias.
En el terreno de las furgonetas y los furgones hay una oferta más amplia pero también madura la diésel. Berlingo, Jumpy y Jumper comparten mercado con Sprinter, Vito, Partner, Expert, Boxer, Master y Transit; el Hiace de Toyota completa la escena. En pasajeros hay menos opciones; algunos modelos son versiones carrozadas de pickups que se convierten en SUV, como el Trailblazer de Chevrolet o los SUV de Toyota.
Entre familiares destacan el Hyundai Staria y el Kia Carnival como exclusiones notables con motor diésel. En el mundo de los SUV, el diésel todavía encuentra demanda en el Jaguar F Pace, el Kia Sportage X Line y el Mini Countryman, pero la oferta es mucho más limitada que en el pasado.
Ya no abundan hatchbacks o sedanes diésel en los segmentos medios y grandes para compradores de Argentina.
Quien mira hacia atrás recuerda los años dorados de los HDI y los dCi de PSA Peugeot-Citroën y los dCi de Renault, y las series 3 y 5 de BMW con motores diesel potentes.
Hace apenas siete años, la oferta diésel 0 km en Argentina era de unos treinta modelos entre hatchbacks, sedanes y rurales; para 2022 ese recuento se redujo a una docena.
La historia reciente muestra que, si la tendencia global continúa, el diésel de coches de pasajeros tiene los días contados en muchos mercados; pero para vehículos comerciales y pickups puede aguantar un poco más, sujeto a políticas, costos y demanda de los consumidores.
En definitiva, la ecuación diésel electrificación marca el rumbo. Europa acelera hacia la electricidad y los híbridos; Argentina, con sus particularidades, se mueve entre demanda, políticas y costos de importación.
El diésel no desaparece de inmediato, pero su relevancia ya no es la misma y la conversación de hoy va mucho más allá de la potencia y la eficiencia; se trata de emisiones, costo de operación y el horizonte de movilidad sostenible.