Cómo Reino Unido pasó de tener más de 250 fabricantes de coches a ver sus marcas icónicas en manos extranjeras, sin perder la esencia del taller casero.
Los británicos y los coches: una historia de amor con final de venta
Desde que el motor de combustión dejó atrás a los caballos, los ingleses se volvieron locos por los coches.
No solo por conducirlos, sino por el rugido del motor, el olor a gasolina y la posibilidad de tunearlos en el garaje de casa. Esa pasión les llevó a dominar las carreras: hoy, la mayoría de los equipos de Fórmula 1 tienen su base en el Reino Unido. Pero la historia de su industria automotriz es tan brillante como trágica.
Al acabar la Primera Guerra Mundial, los coches empezaron a llenar las calles, pero casi todos eran franceses o italianos. El orgullo británico no lo permitió. En pocos años, brotaron más de 250 fabricantes locales: AC, Triumph, MG, Rolls-Royce, Jaguar, Bentley, Hillman, Morgan... Un ecosistema vibrante y caótico.
Claro, no todos podían sobrevivir. Antes de la Segunda Guerra, muchos quebraron o fueron absorbidos. Tras la guerra, aún quedaban casi 150 marcas. Pero la necesidad de escala llevó a la consolidación. En 1952 nació la British Motor Corporation (BMC), que juntó a Austin, Morris, MG y Riley. Era el principio de una concentración que acabaría con la diversidad.
En los sesenta, llegó la edad de oro: descapotables ágiles y deportivos ligeros que enamoraron a los americanos. El MG B, el Lotus Elan, el Triumph Spitfire... Eran coches de conducción pura, con un toque artesanal. Pero duró poco. En los setenta, las leyes de emisiones y seguridad en Estados Unidos acabaron con la fiesta. Los roadsters desaparecieron y las marcas británicas se refugiaron en sedanes grandes y caros, que no interesaban a nadie.
A partir de ahí, fue todo cuesta abajo. Una tras otra, las marcas cayeron en manos extranjeras. Jaguar y Land Rover están bajo el paraguas del grupo indio Tata; MINI y Rolls-Royce son propiedad de la alemana BMW; Bentley forma parte del Grupo Volkswagen; McLaren está controlada por fondos de Oriente Medio; MG y Lotus son empresas chinas.
Hasta los restos de Rover dieron lugar a la marca china Roewe.
¿Y qué queda con sabor británico? Aston Martin es la que más tradición conserva, aunque también ha abierto su accionariado a inversores de Oriente Medio.
El romanticismo de los talleres en el patio trasero ha sido sustituido por la lógica global. Pero la huella de aquella pasión pionera, de aquellos coches hechos con alma, sigue viva en cada curva de la historia del automóvil.