El descapotable adquirido por Juan Domingo Perón en 1955 regresa al público tras una restauración que busca recuperar su valor patrimonial y contar, con lujo de detalles, décadas clave de la historia argentina.

El Cadillac descapotable que Juan Domingo Perón compró en 1955 vuelve a ocupar un lugar destacado en la memoria colectiva y, sobre todo, en la colección de la historia automovilística de Argentina.

Aunque el expresidente lo adquirió pensando en lucirlo en actos y presentaciones, no llegó a sentarse al volante: la Revolución Libertadora, en septiembre de ese mismo año, truncó su mandato y el coche terminó ingresando al país tras la destitución de Perón.

En aquel momento, nadie imaginó que ese lujo sobre ruedas acabaría convertido en una pieza de museo, testigo silente de años de cambios políticos y sociales.

El automóvil es un descapotable de lujo con una filosofía de la época: una carrocería elegante sobre un chasis de Cadillac, con transmisión HydraMatic automática de cuatro velocidades, levantavidrios eléctricos y un motor V8 de 5,4 litros que desarrolla unos 250 caballos de potencia.

Es, en síntesis, una máquina diseñada para la época dorada de la Industria Norteamericana, pero que terminó cruzando el Atlántico y convertida en un símbolo de las idas y venidas del poder en Argentina.

A lo largo de las décadas, el coche transitó por distintas administraciones. En la década de los sesenta y setenta, llegó a ser usado de forma intermitente por mandatarios como Arturo Frondizi, Arturo Illia y, en la dictadura, por Jorge Rafael Videla.

Ya en la etapa de la democracia retomó protagonismo: Raúl Alfonsín lo utilizó durante su asunción en 1983, marcando un puente simbólico entre el fin de la dictadura y el retorno a las instituciones.

En 2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner, el vehículo fue maniobrado por Hugo Chávez en los jardines de la Quinta de Olivos junto a Julio De Vido, un encuentro que se convirtió en una postal de esa época de cooperación sur-sur.

Durante el gobierno de Mauricio Macri, el Cadillac permaneció temporalmente guardado en Olivos y luego pasó por un proceso de restauración promovido por la Comisión de Amigos del Museo del Automóvil, con la colaboración desinteresada de más de 30 especialistas.

El resultado fue exhibido en el Museo de la Casa Rosada, consolidando su estatus de joya patrimonial y símbolo de un diálogo entre industria, historia y política.

En 2018, el Museo del Automóvil asumió de nuevo la tarea de restaurarlo para su exhibición en el Museo de la Casa Rosada, con un objetivo claro: devolverle su valor histórico sin perder de vista el cuidado del patrimonio.

En 2023, el entonces presidente Javier Milei insinuó la posibilidad de que el Cadillac volviera a recorrer la distancia entre el Congreso y la Casa Rosada como parte de un acto simbólico.

Pero esa idea quedó a la deriva por problemas mecánicos y trámites administrativos pendientes, y el coche siguió esperando su siguiente capítulo.

Ya en febrero de 2025, el Cadillac volvió a entrar en el taller del Museo del Automóvil para iniciar una nueva etapa de restauración. El director del museo, Luis Spadafora, explicó a Clarín que, desde hace un año, el vehículo está siendo puesto a punto para una nueva exhibición, esta vez en el propio museo que dirige.

El coche había estado parado más de seis años y, para recuperarlo, se está trabajando ad honorem con la ayuda de amigos de la fundación. Entre los colaboradores destaca el mecánico Luis Zschocke, especialista en motores V8, que participa en varias reparaciones.

Entre las tareas recientes figuran el reemplazo del carburador, la renovación de los frenos y trabajos de pintura para proteger el piso y evitar el óxido.

La idea es que, una vez completado el recambio de piezas, el Cadillac pueda recorrer al menos unos 40 kilómetros para verificar que todo funcione a la perfección y, cuando esté listo, vuelva a permanecer a disposición del equipo de Ceremonial de la Presidencia.

Sin embargo, en este momento se espera que siga perteneciendo al Museo del Automóvil y que, cuando termine la restauración, vuelva a ser exhibido allí mismo, en Irigoyen 2265, CABA, en lugar de regresar a la Casa Rosada.

El museo, declarado de interés cultural, anunció que reabrirá sus puertas el próximo sábado 21 de marzo tras un receso de verano. El horario será los sábados, domingos y feriados de 14 a 19, y la gente podrá apreciar no solo el Cadillac de Perón, sino también otras joyas del automovilismo: autos de Turismo Carretera, motos, Midgets y modelos de Fórmula 1.

Más allá de las anécdotas y de la curaduría técnica, este coche encarna una historia más amplia: la manera en que la Argentina ha contado su propio pasado a través de objetos que resisten el paso del tiempo.

La restauración, el cuidado y la exhibición de este Cadillac no sólo buscan devolverle brillo a una pieza clásica, sino mantener vivo un relato de épocas convulsionadas y momentos de convivencia institucional.

En ese sentido, el museo insiste en que cada reparación, cada repuesto traído desde Estados Unidos y cada detalle restaurado, forma parte de un esfuerzo por conservar una memoria material de la historia política y social de Argentina.

En definitiva, el Cadillac de Perón continúa su viaje: no solo como una máquina histórica, sino como un archivo rodante que invita a entender cómo se forjan las memorias de un país a través de objetos que siguen hablando después de varias décadas.