Una nueva serie de ataques aéreos en el sur del Líbano deja 15 muertos, entre ellos cinco niños, y dispara la escalada militar, mientras Israel se prepara ante posibles operaciones terrestres.

Durante la noche del jueves se registró una nueva oleada de ataques aéreos israelíes contra múltiples puntos del sur del Líbano, dejando un saldo de 15 personas fallecidas, entre ellas cinco niños, y siete heridas, según informaron el centro de operaciones de emergencias y la agencia libanesa NNA.

El objetivo declarado, según las autoridades, son posiciones atribuidas a Hezbolá, en un contexto de escalada que se asocia a represalias coordinadas por Irán en respuesta a las acciones de Estados Unidos e Israel.

Uno de los ataques golpeó Ain Ebel, al sur del país, donde murieron tres personas, de acuerdo con los reportes recogidos por las fuentes oficiales citadas.

En Barich, también en el sur, el balance fue similar, con tres víctimas mortales según las mismas comunicaciones. Y en Arki, a unos 15 kilómetros de Sidón, el número de fallecidos asciende a nueve, entre ellos cinco menores, mientras que siete personas resultaron heridas.

La región ha sido escenario de tensiones persistentes entre Israel y Hezbolá desde hace años, y estos choques se suman a un historial de enfrentamientos que han provocado periodicidad en las operaciones y un impacto humanitario constante.

En la tarde de este jueves, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, declaró que, si el Gobierno libanés no impide que Hezbolá actúe, Israel podría lanzar una ofensiva terrestre en Líbano.

En sus palabras, “ha llegado el momento de tomar decisiones» y añadió que si no actúan, Israel lo hará “sobre el terreno” para cobrar un precio alto a la organización.

Históricamente, el sur del Líbano ha sido una zona de alta volatilidad y de repetidos choques entre fuerzas israelíes y Hezbolá, con guerras abiertas en el pasado y períodos de alto calme; este nuevo episodio parece encajar en esa dinámica de escalada que amenaza con ampliar el conflicto regional.

Los observadores señalan que la frontera permanece tensa y que la población civil continúa soportando las consecuencias de la violencia, con desplazamientos y daños a infraestructuras.

En lo que respecta a la dimensión económica, aún no se han publicado cifras oficiales de pérdidas. Presuntamente, analistas estiman que el coste de los daños podría ascender a varios millones de euros, una cifra que aún no se ha verificado de manera independiente y que podría cambiar a medida que se consoliden los informes sobre los impactos en infraestructuras y servicios básicos.

La comunidad internacional ha pedido moderación y recordó la necesidad de proteger a la población civil para evitar una escalada mayor. Organizaciones humanitarias han subrayado la urgencia de acceso seguro a las zonas afectadas y de asistencia para los desplazados. A medida que crece la tensión, las autoridades libanesas y las agencias internacionales insisten en la necesidad de retomar canales de diálogo y evitar provocaciones que amplíen el conflicto.

En síntesis, la noche dejó un balance doloroso y una advertencia clara: el conflicto en la frontera del sur libanés permanece vivo y podría evolucionar rápidamente si no se logra contener a las partes implicadas, mientras la comunidad internacional observa con cautela los próximos movimientos en una región que ya ha mostrado, en el pasado, su relativa volatilidad y su capacidad de escalar con rapidez.