La policía británica detuvo al ex príncipe Andrés y realizó registros en Berkshire y Norfolk en relación con una denuncia de supuesta mala conducta en el ejercicio de un cargo público; la BBC produjo la noticia y se preserva la reserva de identidad mientras avanza la investigación.

Durante la jornada de este jueves 19 de febrero, la policía del Valle del Támesis confirmó la detención de un hombre de 66 años, residente en Norfolk, en relación con una denuncia supuestamente vinculada de mala conducta en el ejercicio de un cargo público, identificándolo preliminarmente como el ex príncipe Andrés, hermano del rey Carlos III.

La nota oficial indica que, como parte de la investigación, se han llevado a cabo registros en domicilios ubicados en Berkshire y Norfolk, y que dichas diligencias continúan en curso mientras se recaban indicios.

Oliver Wright, subjefe de la policía, explicó que, tras una revisión detallada, se ha iniciado una investigación sobre esta denuncia de mala conducta en el ejercicio de un cargo público, y que las actuaciones se llevan a cabo con la colaboración de socios para salvaguardar la integridad y la objetividad del proceso.

Según consignó la BBC, la identidad del detenido y los cargos formales aún están sujetos a confirmación y a la evolución de la investigación, con la labor policial centrada en reunir pruebas que permitan esclarecer los hechos.

Cabe consignar que esta es la primera detención del ex príncipe en el marco de estas indagaciones, que han captado un gran interés público y mediático a nivel internacional.

Además de la detención, las autoridades informan de diligencias en domicilios de Berkshire y Norfolk, y de la recopilación de documentos y pruebas que podrían orientar futuras decisiones judiciales.

Este episodio llega en un contexto de intenso escrutinio sobre la realeza británica y la transparencia de las investigaciones que involucran a sus miembros.

En paralelo, analistas y comentaristas señalan que los hechos podrían influir en la percepción pública sobre la rendición de cuentas de las figuras de la monarquía y su relación con el aparato de seguridad y justicia del país.

Para entender el marco histórico, es relevante recordar que, en 2019, el príncipe renunció a sus deberes oficiales tras las críticas suscitadas por su relación con Jeffrey Epstein.

Presuntamente, esa relación y la forma en que se gestionaron sus vínculos con Epstein alimentaron un amplio debate sobre la transparencia y la responsabilidad de miembros de la realeza ante la ley.

Epstein, un financista estadounidense, fue objeto de acusaciones de tráfico sexual de menores y murió en prisión en 2019, hecho que intensificó la controversia en torno a las conexiones entre figuras públicas y redes de delitos.

En 2022, una demanda civil en Estados Unidos vinculada a ese caso se resolvió mediante un acuerdo, sin admitir culpabilidad, un detalle que ha sido citado por observadores para entender la evolución de las investigaciones que rodean a este tema.

Desde entonces, el ex príncipe ha mantenido un perfil notablemente bajo y ha aparecido con menos frecuencia en actos oficiales, en un esfuerzo percibido por la familia real de distanciarse de polémicas.

Este nuevo suceso, por tanto, podría añadir un capítulo adicional a una historia que ha marcado la atención de los medios durante años y que continúa siendo objeto de seguimiento por parte de periodistas, autoridades y analistas, que esperan avances sustantivos sobre la veracidad de las acusaciones y la exactitud de las diligencias emprendidas por la policía del Valle del Támesis.