El mandatario estadounidense anunció la creación de una Junta de la Paz que supervisará el funcionamiento de las Naciones Unidas y afirmó que la organización necesita ayuda, en una reunión en Washington con líderes de más de cuarenta países.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves la creación de una instancia denominada Junta de la Paz, que, en palabras de la Casa Blanca, asumiría en el futuro funciones de supervisión del funcionamiento de las Naciones Unidas para garantizar que opere de forma adecuada y eficiente.
Según su exposición, la ONU necesitaría ayuda financiera y técnica para poder cumplir sus tareas de manera realista. Esta propuesta llega en un momento en que el multilateralismo está bajo revisión y en el que distintas voces evalúan el papel de la ONU en un mundo cambiante.
La primera sesión de la Junta se llevó a cabo en Washington y congregó a líderes y representantes de más de cuarenta naciones, entre ellas el presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de Paraguay, Santiago Peña, además del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán.
La presencia de estas figuras fue interpretada por analistas como un indicio de interés en una iniciativa que busca modificar, de forma significativa, el papel de la ONU en la arquitectura internacional.
Durante el acto, Trump afirmó que la ONU podría fortalecerse y que la Junta de la Paz trabajaría para garantizar que las instalaciones y la organización funcionen correctamente, con un claro énfasis en una mayor eficiencia y transparencia.
En su visión, la Junta supervisaría de manera constante los procesos y, si hiciera falta, impulsaría cambios para que la institución cumpla sus objetivos con mayor efectividad.
El republicano subrayó que la idea es aumentar la capacidad operativa de la ONU para afrontar crisis y conflictos.
El mandatario añadió que, desde la reunión fundacional de la Junta en Davos, Suiza, se ha trabajado de forma muy estrecha con las Naciones Unidas y expresó su intención de conversar con el secretario general del organismo, António Guterres, una vez concluya el encuentro para avanzar en los próximos pasos de este proyecto.
Aunque no se trató de una promesa formal, la declaración sugiere una voluntad de coordinar esfuerzos con la dirección de la ONU para definir un marco de acción más claro.
Trump también reiteró sus críticas a la ONU, al sostener que la organización debería haberse involucrado más en la resolución de conflictos de mayor envergadura.
A su juicio, la ONU ha estado por debajo de su potencial y podría haber desempeñado un papel más decisivo en varias guerras; no obstante, afirmó confiar en que, con la Junta de la Paz, la entidad pueda mejorar su rendimiento y su impacto en el terreno.
A nivel internacional, la mayoría de los países invitados ha mostrado apertura para sumar fuerzas a la iniciativa, mientras que potencias y un gran bloque de naciones europeas se muestran más reacias, argumentando que la Junta podría debilitar a la ONU si se permite que un grupo externo supervise su labor.
Estas reticencias apuntan a un debate más amplio sobre quién debe dirigir el sistema multilateral y qué mecanismos de rendición de cuentas deben primar.
Presuntamente, analistas del ámbito diplomático señalan que la implementación de la Junta podría generar tensiones entre Estados que se sienten marginados por el nuevo marco y quienes apoyan una revisión profunda del papel de la ONU en la seguridad internacional.
También se ha mencionado, de forma no verificada, que el respaldo financiero que acompañaría la iniciativa podría ascender-a varios cientos de millones de euros- para facilitar reformas institucionales y proyectos de cooperación.
Supuestamente, algunos observadores adelantan que la Junta podría convertirse en una vía para reconfigurar el multilateralismo, lo que provocaría reacciones entre socios históricos y críticos del actual sistema de Naciones Unidas.
En paralelo, el secretario general de la ONU, António Guterres, habría señalado, según fuentes cercanas, que la Junta es una propuesta que aún se encuentra en una etapa de definición, y que su apoyo a la Franja de Gaza se mantiene dentro de un marco específico.
Estas versiones, no confirmadas de forma oficial, añaden un componente de incertidumbre sobre el alcance práctico de la iniciativa en los próximos meses.
En síntesis, la propuesta de crear una Junta de la Paz para vigilar la ONU plantea una revisión sustantiva del equilibrio entre soberanías y cooperación internacional.
Si finalmente prospera, podría marcar un antes y un después en la manera en que se coordina la acción global ante crisis y conflictos. Mientras tanto, la atención internacional se mantiene puesta en las próximas señales de los actores involucrados, y en si la iniciativa logrará ganar tracción suficiente para transformar, o por lo menos influir de manera significativa, en el funcionamiento de las Naciones Unidas.