El presidente de EE. UU. sostiene que un acuerdo con Irán podría llegarse en breve, insiste en que Teherán está cansado y asegura que Irán no tendrá arma nuclear, mientras el Senado avanza en limitar poderes de guerra.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo este miércoles que la confrontación con Irán podría cerrarse en un plazo muy corto y que un acuerdo entre ambos países sería posible sin perder la cara a nadie.

Vamos a terminar esa guerra muy pronto, dijo, y añadió que Irán está cansado de la guerra y tiene ganas de llegar a un pacto con Washington. En palabras del propio mandatario, la otra parte también quiere dejar atrás la tensión, y aseguró que la solución podría llegar de forma rápida si se avanza por la vía correcta.

Trump insistió en que Irán no tendrá un arma nuclear, un argumento que repite desde hace años para justificar su ofensiva y para justificar las restricciones que, a su juicio, evitan un posible programa militar del país persa.

A renglón seguido afirmó que el objetivo se puede lograr de una manera amable, una formulación que busca transmitir seguridad sin entrar en confrontación directa.

Sus palabras se producen tras un ciclo en el que Washington ha defendido una línea dura, pero que también deja entrever la posibilidad de pactos parciales o condicionados a cambios verificables.

En el plano interno, el Senado dio un paso clave al aprobar, por primera vez, una resolución para limitar sus poderes de guerra y, de ser necesario, permitir la retirada de tropas.

Este movimiento contó con el apoyo de cuatro republicanos que se sumaron a los demócratas, lo que refleja la presión de la Cámara Alta para establecer controles más firmes sobre cualquier intervención militar.

La noticia llega después de que Trump anunciara, en un mensaje difundido en redes sociales, la suspensión de ataques planeados ante la presión de países de la región —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar— y con la mediación de Pakistán.

A pesar de la suspensión, Teherán no se ha pronunciado de manera pública sobre posibles avances diplomáticos, y desde Washington aseguran que las conversaciones continúan, a través de la mediación de Islamabad, aunque con diferencias claras que dificultan la celebración de una segunda reunión en la capital paquistaní.

El diálogo entre Estados Unidos e Irán se da en un contexto de tensiones acumuladas, con el bloqueo del estrecho de Ormuz y incidentes de incautación de buques iraníes por fuerzas estadounidenses citados como ejemplos de la fragilidad de la paz regional.

Irán ha justificado esas acciones como respuesta a las sanciones y a la presión internacional, al tiempo que insiste en que mantiene contactos para evitar una escalada mayor.

Analistas señalan que, más allá de las declaraciones, el progreso real dependerá de la confianza mutua y de la capacidad de cada parte para sostener la presión sin caer en provocaciones que vuelvan a encender el conflicto.

En cualquier caso, la idea de un “acuerdo muy pronto” choca con una historia de décadas en la que, entre promesas y desconfianzas, los avances han sido parciales y frágiles.

Este episodio se sitúa dentro de un marco histórico: el acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) ofrecía alivio de sanciones a Irán a cambio de límites a su programa nuclear; en 2018 Estados Unidos se retiró de ese pacto y restableció sanciones, lo que desencadenó una escalada de tensiones que persiste.

También se recuerda la influencia de otros actores regionales y las decisiones de la diplomacia internacional que, como en Islamabad, buscan una salida que combine seguridad, economía y estabilidad para la región.

Aun así, persiste la incertidumbre: la economía global y los precios del petróleo están ligados a lo que ocurra en Oriente Medio, y cualquier cambio significativo podría mover mucho más que la balanza geopolítica.