El presidente de Estados Unidos advierte que podría intervenir si Irán recurre a la violencia contra manifestantes, mientras Teherán advierte sobre consecuencias para la región y crece la tensión tras cinco días de protestas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a alzar la voz en medio de las protestas que se vienen registrando en Irán. Según información difundida desde la red social Truth Social, afirmó que si el gobierno iraní dispara y hiere a manifestantes pacíficos, Estados Unidos acudiría al rescate de la población que reclama derechos y un giro democrático.
Esta escalada llega en el quinto día de movilizaciones que se han extendido por varias ciudades del país, y que han dejado un saldo provisional de al menos seis víctimas, entre ellas un agente de seguridad.
En Teherán, el asesor principal del ayatolá, así como el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Jamenei y Ali Larijani, advirtieron que una posible intromisión de Estados Unidos desestabilizaría la región y pondría en riesgo los propios intereses de Washington.
Las declaraciones surgen en un momento en el que las autoridades iraníes buscan marcar límites a la cooperación exterior, al tiempo que reiteran su rechazo a cualquier intervención en asuntos internos.
Larijani señaló que es necesario distinguir entre la protesta pacífica y los elementos disruptivos que podrían justificar una respuesta dura, y añadió que Trump debería medir las consecuencias para sus propias fuerzas militares antes de cualquier paso adicional.
Por su parte, Abbas Araqchi, ministro de Exteriores, respondió a la advertencia de Estados Unidos y describió la intervención como imprudente y peligrosa, al tiempo que afirmó que Irán defenderá su soberanía y la dignidad de su pueblo.
El choque entre manifestantes y fuerzas de seguridad dejó seis muertos y decenas de detenidos e heridos. En paralelo, la apreciación del poder adquisitivo de millones de iraníes se ha visto afectada por un nuevo tramo de sanciones provenientes de Estados Unidos, lo que añade presión económica al contexto ya tenso de la crisis.
A nivel analítico, algunos observadores señalan presuntamente que estas tensiones podrían cambiar la dinámica regional y reavivar el debate sobre el programa nuclear iraní, así como las alianzas del país con otras potencias de la región.
Aunque el objetivo declarado de las autoridades iraníes es la preservación de su soberanía, las señales de ambas partes muestran que la retórica podría intensificarse si la situación en las calles persiste.
Históricamente, las relaciones entre Washington y Teherán han alternado entre momentos de presión y periodos de intento de negociación desde 2018, con memoria de protestas masivas en años anteriores, como las de 2009 y 2019, que siguen influyendo en la lectura que hacen los gobiernos de ambas ciudades.
En ese marco, algunos analistas advierten que, sin una vía diplomática clara, la volatilidad podría alimentar riesgos para la estabilidad regional, impactando también a mercados cercanos y a las rutas comerciales que conectan Oriente Medio con Europa y Asia.
En resumen, la conversación entre Washington y Teherán se mantiene en un terreno de alta tensión, con cada parte presentando su propia agenda de seguridad y salvaguarda de intereses.
Si la violencia se extendiera o se intensificaran las provocaciones, es plausible que la presión externa incremente las crisis internas, lo que obligaría a la comunidad internacional a buscar canales de desescalada frente a un escenario que, de otro modo, podría evolucionar hacia una confrontación mayor sin un claro vencedor.
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