Colo Colo y Universidad de Chile representarán a Chile en la Libertadores Femenina, que se disputará del 2 al 18 de octubre en Quito, tras gestiones para jugar en Chile que no prosperaron.
Colo Colo y Universidad de Chile serán las dos representantes de Chile en la Copa Libertadores Femenina, que se celebrará entre el 2 y el 18 de octubre.
Aunque se evaluaron diversas opciones para que el torneo se disputase en territorio chileno, la organización continental decidió designar a Quito, Ecuador, como sede única para la competición.
Nos gustaría jugar en Chile, con nuestra gente. Sería una linda experiencia, no solo para nosotros. Hubo un movimiento, alguna idea, pero lamentablemente no terminó lográndose esa copa acá, expresó Tatiele Silveira, entrenadora de las albas, en el marco de la presentación de las expectativas para la participación chilena.
Sus palabras reflejan la ilusión que existe entre el elenco nacional y la hinchada, pese a que la sede se decida fuera de casa.
Por su parte, se remarcó desde el entorno del Colo-Colo que la edición a disputarse en Quito representa una oportunidad histórica para las jugadoras, que buscarán ampliar su experiencia internacional y potenciar el desarrollo del fútbol femenino en Chile.
“Siento que Colo Colo tiene la estructura adecuada para ese tipo de torneos. Por eso tuvimos la expectativa, pero lamentablemente no se logró. Es parte de. Ahora miramos a Quito sin saber aún las sedes”, sostuvo en conferencia de prensa la entrenadora brasileña, cuyo testimonio subraya la confianza en la organización del equipo y la importancia de participar en un torneo de esa magnitud.
De las 17 ediciones de la Copa Libertadores Femenina, ninguna se ha disputado en Chile. Ese dato histórico añade ribetes de desafío y de oportunidad para Colo Colo y Universidad de Chile, que en esta edición buscarán no solo competir al más alto nivel regional, sino también dejar una huella que inspire a las próximas generaciones de futbolistas nacionales.
La presencia de ambas escuadras en Quito permitirá, además, observar de cerca el crecimiento del fútbol femenino en la región, con un certamen que suele reunir a clubes de diversos países y que, con el paso de los años, ha consolidado a varias jugadoras chilenas en miradas internacionales.
Los próximos días serán decisivos para afinar detalles logísticos y deportivos, como la logística de viaje, la preparación de las plantillas y la adaptación a un formato que, pese a no contar con presencia local en la fase de grupo, continúa generando interés entre aficionados y medios.
En Chile, la expectativa crece respecto a planes futuros para organizar, tal vez, una edición de la Libertadores Femenina que permita a Colo Colo y Universidad de Chile desplegar su potencial ante su público, en casa, y con la esperanza de dejar una marca que impulse a las generaciones próximas.
En resumen, el panorama para el fútbol femenino chileno, al menos en esta edición, pasa por un reto claro: competir en Quito y demostrar que el talento local puede sostenerse ante rivales de la región, con la mirada puesta en un crecimiento sostenido y en la posibilidad de acercar más a la afición femenina al deporte rey.
Supuestamente, si la experiencia en Quito deja frutos, podría abrirse la puerta a futuras convocatorias y a un calendario más favorable para efectos de visibilidad y patrocinio en el país.
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