Historia de la recuperación de Liam Millar tras una grave lesión en la rodilla, su regreso a la selección de Canadá y el papel que podría jugar para encarar el Mundial 2026 que se disputará en casa.

Millar regresa de una lesión que lo llevó al borde de abandonar su sueño de vestir la camiseta de Canadá, y lo hace con la chispa de alguien que ha aprendido a medir la importancia de cada momento en el césped.

En un equipo que quiere convertir el Mundial 2026 en una oportunidad histórica para su fútbol, la historia de este delantero/centrocampista que se ha reinventado puede convertirse en el motor que empuje a la selección hacia adelante.\n\nEn octubre de 2024, durante un encuentro con Hull City, Millar dio un paso interior, oyó un crujido en la rodilla y, en un primer instante, no parecía nada grave.

Las pruebas revelaron que no era un simple golpe: se trataba de una rotura del ligamento cruzado anterior (ACL). Esa noche, el miedo no fue solo al dolor físico, sino a pensar que se acababa una etapa. ¿Podría volver a ser el mismo jugador? ¿Aquel crujido anunciaba el punto de no retorno? Millar se dio cuenta de que la lesión no era solo de rodilla, sino de la confianza que le permitía competir al máximo nivel.\n\nComenzó un proceso de rehabilitación riguroso, con la meta clara de volver a caminar, correr y jugar. Cuatro meses después, el camino no se aplacó; en la cabeza apareció una especie de pared: la duda de si algún día podría volver a sentirse igual.

“Mi cuerpo estaba aquí, pero mi mente a veces estaba en otro sitio”, recuerda Millar. Durante la fase más dura, el apoyo incondicional de su familia —su mujer y sus hijos—, el seguimiento profesional de Jesse Marsch y el ánimo de compañeros como Theo Bair fueron la brújula que lo sostuvo cuando todo parecía más gris.\n\nEl retorno fue progresivo y simbólico. Millar entró como suplente ante Islandia y, a ojos de muchos, dejó claro que su historia no había terminado. Ahora se perfila para ser titular en el encuentro frente a Túnez en Toronto, una cita que no es solo un partido de preparación, sino un cartel de esperanza para una nación que quiere creer en su proyecto.

No se trata de un líder por ser el más mediático, sino del tipo de presencia que impulsa al grupo: alguien que recuerda que el día a día es lo que construye el futuro y que la adversidad, bien gestionada, puede ser una fuente de fortaleza.\n\nLa situación de Canadá en el camino hacia el Mundial 2026 ha estado marcada por altibajos. Tras un tramo destacado en septiembre, cuando sumaron dos victorias continentales que les colocaron en la posición 26 del ranking FIFA, el equipo ha lidiado con lesiones, tarjetas rojas y resultados menos consistentes, quedando en una posición sensible a falta de tres partidos para sellar su plaza o asegurar un mejor envión en la fase de grupos.

El partido contra Túnez en Toronto se presenta como una prueba de fuego para medir la capacidad de reacción de un equipo que no quiere perder el rumbo.\n\nMás allá de la estadística, el Mundial 2026 tiene una carga histórica para Canadá: el torneo se celebrará en parte en su territorio, junto a México y Estados Unidos, lo que ofrece una vitrina única para un país que ha vivido años de consolidación de su fútbol masculino.

Canadá participó por última vez en un Mundial en 1986 y, desde entonces, ha trabajado para construir una estructura que permita soñar con avanzar en una competición tan exigente.

La organización de la Copa del Mundo en casa es una oportunidad para acelerar ese crecimiento, potenciar ligas y arenas locales y, sobre todo, demostrar que el esfuerzo de atletas, técnicos y comunidades puede transformarse en resultados visibles a corto plazo.\n\nLa historia de Millar, más allá de las cifras y las recuperaciones físicas, es una narrativa sobre la gratitud y la memoria del juego. Antes de la lesión, admite que a veces daba por hecho ciertos momentos y oportunidades; estar fuera durante un año le hizo valorar cada entrenamiento, cada toque, cada compañero.

Esa perspectiva no es un simple giro sentimental: es una declaración de intenciones sobre cómo se acercan los próximos meses. Si algo ha cambiado en él, es la forma de ver el fútbol: con más paciencia, con más foco y con la certeza de que la suerte también se forja con esfuerzo diario.\n\nEn definitiva, la historia de Liam Millar puede servir de guía para un equipo que quiere avanzar sin perder su esencia: trabajar con humildad, apoyarse en los que están y creer que, cuando la rodilla decide rendirse, la cabeza y el corazón pueden empujar aún más fuerte.

Y si Canadá consigue convertir esa mezcla en un rendimiento sólido a la puerta del Mundial 2026, podría estar frente a una página nueva de su historia futbolística —una historia que, por fin, podría dejar de ser promesa para convertirse en realidad.