La segunda edición del Premio Europeo de Vivienda Colectiva ya tiene sus nueve finalistas entre candidaturas de 36 países europeos. La ceremonia será en San Sebastián en octubre de 2026 y la cita subraya el boom de la vivienda colectiva en el continente.
En Euskadi ya se respira el ambiente de una cita clave para la arquitectura social en Europa: la segunda edición del Premio Europeo de Vivienda Colectiva ha seleccionado a nueve finalistas de un total de candidaturas procedentes de 36 países europeos, un dato que sitúa al galardón como una referencia en el ámbito de la vivienda compartida y el urbanismo consciente.
Este incremento en la representación internacional, respecto a la primera convocatoria de 2024 (cuando participaron 19 países), refuerza la idea de que la vivienda colectiva ya no es una idea marginal, sino una estrategia urbana con impacto social y ambiental tangible.
Los proyectos finalistas presentarán sus propuestas ante el jurado y ante el público durante la ceremonia que se celebrará en San Sebastián en octubre de 2026, y allí se conocerán los ganadores de las dos categorías previstas: Mejor Obra Nueva y Mejor Rehabilitación.
El premio, que nace para reconocer proyectos de vivienda colectiva que aportan valor social y promueven una arquitectura de calidad, está organizado por el Instituto de Arquitectura de Euskadi (EAI) y arc en rêve centre d’architecture, con el respaldo del Departamento de Vivienda y Agenda Urbana del Gobierno Vasco.
Es un certamen abierto a arquitectos, promotores, administraciones públicas, empresas constructoras y entidades de vivienda de los 46 países miembros del Consejo de Europa.
Tras un riguroso proceso de deliberación celebrado en la sede de arc en rêve en Burdeos, el jurado internacional ha fijado la lista de finalistas que competirán por los galardones el próximo otoño.
El propio fallo ha subrayado que las candidaturas reflejan la diversidad de respuestas a los retos contemporáneos y la capacidad de la arquitectura para generar valor social, urbano y ambiental más allá de la mera calidad formal.
Entre los finalistas de Mejor Obra Nueva figuran Illa Glòries, en Barcelona (España), a cargo de Cierto Estudio Yimby; Air Passage, Masnou (España), de Peris+Toral Arquitectes; La Métropolitaine, París (Francia), de Ignacio Prego Architectures; y Common Woods, Amersfoort (Países Bajos), de Space&Matter; además de Yimby (Kortrijk, Bélgica) por Maker Architecten.
Para la categoría de Mejor Rehabilitación, destacan la Conversión y ampliación de un antiguo garaje para crear 63 viviendas y un local comercial, en París (Francia), realizada por Atelier Téqui Architectes; Oudemansstraat, Amberes (Bélgica), de Woonwerk Architecten; Transformación de la Ciudad de Beutre, Mérignac (Francia), por Christophe Hutin Architecture; y la Transformación de un aparcamiento en viviendas sociales, también en París (Francia), a cargo de NZI Architectes.
El jurado de esta edición está presidido por Carme Pinós (España), fundadora de Estudio Carme Pinós, y cuenta con figuras internacionales como Jing Liu (EE.
UU.) cofundadora de SO–IL; David Madden (Reino Unido), profesor asociado de la London School of Economics; Catherine Sabbah (Francia), directora ejecutiva de IDHEAL; y Lucia Tozzi (Italia), investigadora urbana y periodista.
Esta combinación busca que la deliberación vaya más allá de la estética para valorar el impacto social, urbanístico y ambiental de cada iniciativa.
Las nueve propuestas finalistas viajarán a San Sebastián en octubre de 2026 para presentar sus proyectos ante el jurado y el público. La deliberación final y la ceremonia de entrega de premios se celebrarán en dos jornadas, en el Instituto de Arquitectura de Euskadi, y concluirán con el anuncio en directo de los ganadores.
Además, los proyectos seleccionados formarán parte de la publicación oficial del premio y de una exposición itinerante que recorrerá museos europeos, iniciativas impulsadas por arc en rêve e Instituto de Arquitectura de Euskadi.
Sobre el Premio Europeo de Vivienda Colectiva, hay que recordar que nació para reconocer iniciativas de vivienda que generan impacto positivo en las comunidades y promueven un desarrollo urbano sostenible, manteniendo una arquitectura de calidad.
En su primera edición, celebrada en 2024, recibió 171 candidaturas de 19 países y premió La Borda (Barcelona, por Lacol) en la categoría de obra nueva y la Conversión de una bodega de almacenamiento de vino en viviendas (Basilea, por Esch Sintzel Architekten) en rehabilitación.
Este historial muestra que el premio ha sabido identificar y difundir modelos de vivienda que pueden inspirar a ciudades de toda Europa.
En los próximos meses, la atención se dirige a San Sebastián, donde la ciudad vasca acoge un evento que combina exposición, debate y reconocimiento público a proyectos que buscan, literalmente, una forma más humana de habitar.
Espero que este resumen ayude a entender por qué estas nueve propuestas destacan y qué esperan aportar al paisaje europeo de la vivienda colectiva.