La temporada invernal en Euskadi estuvo marcada por precipitaciones por encima de lo normal, un costa con temperaturas más cálidas de lo habitual y una cadena de temporales que mantuvo activa la alerta meteorológica: 7 alertas naranjas y 121 avisos amarillos, según Euskalmet.

En Euskadi, este invierno 2025-2026 ha mostrado, con claridad, la nueva cara del tiempo: lluvia abundante, calor atípico para la estación y una actividad meteorológica intensa que ha dejado huella en la vida diaria.

La Agencia Vasca de Meteorología, Euskalmet, describe un periodo diciembre-enero-febrero en el que la costa ha estado más templada de lo habitual y el conjunto del territorio ha vivido temperaturas superiores a la media, con borrascas atlánticas que han pasado con frecuencia y han mantenido alta la dinámica meteorológica.

Precipitación. Las precipitaciones han sido abundantes y persistentes durante gran parte del invierno, con acumulados por encima de lo normal en amplias zonas, especialmente en la vertiente cantábrica.

Los mayores registros se han concentrado en el nordeste de Gipuzkoa, donde dos estaciones han superado los 700 mm. Eskas alcanzó 766,5 mm y Añarbe 707,3 mm. En el interior de Bizkaia y en áreas de montaña, también se han registrado precipitaciones importantes (Mallabia 558,6 mm, Almike 542,1 mm y Zegama 533,4 mm).

En contraste, las cantidades han sido menores en el sur de Araba y en la Llanada Alavesa, donde no se llegaron a los 200 mm (Zambrana 148,6 mm, Moreda 154,3 mm y Espejo 172,4 mm).

El número de días de precipitación ha sido elevado, con 40-45 días de lluvia en la vertiente cantábrica y 30-35 días en la Llanada Alavesa y Rioja Alavesa.

Nevadas. Las nevadas han aparecido en varios momentos del invierno, con presencia variable y mayor impulso en los episodios fríos de comienzos de enero.

Temperatura. En cuanto a las temperaturas, el invierno ha sido claramente muy cálido, con valores medios por encima del promedio del periodo 1991-2020. En la costa, la temperatura se ha movido entre 10 y 12 °C, mientras que en la Llanada Alavesa ha rondado los 6-7 °C, aproximadamente 1 °C por encima de lo normal para el conjunto del territorio.

Aunque se han registrado episodios fríos, especialmente a inicios de enero con la entrada de aire de origen ártico, han predominado las situaciones templadas, sobre todo durante febrero, cuando las anomalías positivas han sido más acusadas, de hasta 2,4 °C.

La temperatura más baja registrada este invierno fue en la noche del 6 de enero en Iturrieta, con -12,1 °C, y la más alta se dio en San Prudentzio entre el 24 y el 25 de febrero, gracias al predominio del viento del sur en la vertiente cantábrica, con 29,9 °C.

Fenómenos adversos. En lo que respecta a la meteorología adversa, el invierno ha estado marcado por una notable actividad. Concretamente, se han emitido 7 alertas naranjas, por viento en zonas expuestas (1) y por altura de ola para navegación (8); y 121 avisos amarillos por viento (21 en zonas expuestas y 10 en zonas no expuestas), precipitaciones persistentes (6), nieve (14), heladas (7) y mala mar (30 por altura de ola para la navegación, 27 por impacto en costa y 6 por rociones y salpicaduras).

Los temporales de viento y el riesgo marítimo-costero han sido los fenómenos más recurrentes a lo largo del periodo.

Historia y contexto. Este invierno encaja en un patrón climático que los centros meteorológicos atribuyen, en parte, a la persistencia de borrascas atlánticas y a la variabilidad natural interanual de la Península Ibérica y la fachada cantábrica.

En las últimas décadas, los científicos señalan una mayor amplitud de las anomalías entre extremos: inviernos con periodos de calor y otros con lluvias intensas, todo ello dentro de un marco de cambios climáticos que, aunque no garantizan un único guion, sí elevan la probabilidad de eventos extremos en la temporada fría.

Para Euskadi, esto significa que la planificación de emergencias, la gestión del agua y la seguridad en costa y montaña deben considerar una mayor volatilidad estacional y la coexistencia de fenómenos aparentemente contradictorios en una misma fase climática.

En resumen, el invierno 2025-2026 ha dejado claro que la meteorología vasca quiere romper esquemas: lluvias intensas que han empapado gran parte del territorio, temperaturas más cálidas de lo habitual que han suavizado el frío, y episodios extremos de viento y mar que han puesto a prueba infraestructuras y servicios.

Los expertos recuerdan que estos patrones, lejos de ser un episodio aislado, forman parte de una realidad climática más cambiante, que exige vigilancia constante, informaciones claras y medidas preventivas para reducir riesgos en costas, ríos y áreas de montaña.