El Gobierno Vasco señala que la entrada de Tubos Reunidos en concurso demuestra una situación límite. Para salvar la empresa y atraer inversión, el plan pasa por reestructurar la deuda y alcanzar una paz social que permita avanzar con un proyecto industrial viable.

En Euskadi, el consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad del Gobierno Vasco, Mikel Jauregi, concedió esta mañana una entrevista en Radio Popular-Herri Irratia para comentar la situación de Tubos Reunidos.

Dijo que la entrada de la empresa en concurso de acreedores certifica que está al borde del precipicio; la pregunta ahora es qué pasos damos todos para acercarnos o alejarnos de ese borde.

Jauregi dejó claro que no se trata de señalar culpables, sino de buscar una salida real que permita sostener una actividad industrial con futuro en la región.

Jauregi subrayó que la solución no pasa por quedarse quietos, sino por atraer nuevos inversores con un proyecto industrial viable y con futuro para Tubos Reunidos.

Y para eso, aseguró, hacen falta dos condiciones: la reestructuración de la deuda y la paz social. En sus palabras, “la solución tiene que ser atractiva para inversores que aporten capacidad de continuidad y modernización”.

Sobre la deuda, afirmó que hoy la deuda es insostenible; la deuda vale cinco o seis veces más que la empresa en sí. “¿Quién va a entrar a comprar un piso que tiene una hipoteca de cinco veces el valor?”, preguntó para enfatizar la magnitud del problema. Por eso, añadió, hay que atajar esa deuda para que el negocio tenga una oportunidad real. Esa reestructuración podría incluir renegociaciones con acreedores, revisión de condiciones de pago y ajustes que reduzcan la carga financiera sin sacrificar el futuro productivo de la fábrica.

Respecto a la paz social, explicó que, si queremos atraer inversores, querrán entrar en un sitio donde el equipo está para sacar el proyecto adelante.

“Y para ello también necesitamos la colaboración de todos”, añadió, haciendo referencia a la importancia de un marco de diálogo estable entre la dirección, los trabajadores y las administraciones.

Este punto no es menor: la confianza social y la estabilidad laboral suelen ser condiciones determinantes para que un proyecto industrial pueda empezar a despegar y resistir ciclos de la economía.

Este caso no es aislado en Euskadi. La región ha desarrollado durante años una narrativa de industrialización basada en la cooperación entre empresa, entorno laboral y Administración para mantener proyectos estratégicos y empleo en zonas con gran peso del sector manufacturero.

En el marco de la Transición Energética, la aportación de Tubos Reunidos podría convertirse en un test de la capacidad de Euskadi para adaptar industrias tradicionales a las demandas de eficiencia, sostenibilidad y competitividad global.

La conversación de Jauregi también apunta a retos más amplios: la necesidad de modernizar plantas, mejorar la eficiencia energética y garantizar que cualquier futura inversión cuente con una proyección de viabilidad a medio y largo plazo.

En ese sentido, el Gobierno Vasco insiste en la importancia de un plan de acción claro, que incluya hitos, responsabilidades y mecanismos de supervisión para evitar nuevas holguras que pongan en riesgo el empleo.

Con todo, el consejero dejó la puerta abierta a apoyos públicos condicionados a la reestructuración de la deuda y a un marco de diálogo social sostenido.

Las próximas semanas serán decisivas: se esperan reuniones entre la dirección de Tubos Reunidos, representantes de los trabajadores y las autoridades para delinear una hoja de ruta que permita salvar o redirigir el negocio hacia un modelo más sostenible.

En cualquier caso, el mensaje es claro: sin deuda saneada y sin paz social, la inversión difícilmente encontrará un terreno fértil en una industria clave para Euskadi.