Una jornada en Donostia analizó cómo las fundaciones empresariales pueden enlazar negocio, territorio y sociedad. Se subrayó la importancia de una gobernanza sólida, el relevo generacional y la atracción de talento para asegurar la continuidad y el valor público a largo plazo.

En Euskadi, un curso de verano celebrado en el Palacio Miramar de Donostia reunió a responsables institucionales, gestores de fundaciones y representantes del mundo empresarial para conversar sobre una pregunta clave: ¿cómo ligar rentabilidad, compromiso social y arraigo al territorio sin perder el rumbo? El evento, organizado por el Departamento de Gobernanza, Administraci&ón Digital y Autogobierno, se tituló Fundaciones empresariales: gobernanza, propiedad responsable, arraigo y marco legal en Euskadi y Europa, y sirvió para abrir un debate sobre el papel de estas entidades como herramientas de continuidad y de futuro para las empresas de la región.

El viceconsejero de Relaciones Institucionales, Xabier Ochandiano, fijó el tono al recordar que Euskadi tiene una trayectoria sólida en este ámbito: las fundaciones forman parte de nuestra historia compartida y han contribuido de forma decisiva al desarrollo social, educativo, cultural y económico.

No se trataba solo de mirar hacia atrás, sino de pensar en qué pueden aportar en los próximos años: buena gobernanza, relevo generacional, atracción de talento, fortalecimiento del tejido productivo y, sobre todo, proyectos empresariales con vocación de permanencia ligados al territorio.

En este sentido, se subrayó que el arraigo no es una moda, sino una condición para la sostenibilidad: empresas y fundaciones que entienden su misión como algo más que el beneficio inmediato y que buscan dejar un legado en la comunidad.

La mesa de debate puso de manifiesto una idea central: la obtención de rentabilidad económica y la creación de valor social no son antagónicas, sino dimensiones que pueden reforzarse mutuamente si se aplica una gobernanza responsable.

En Euskadi, el peso del sector fundacional es notable: se estima que representa alrededor del 1% del PIB, genera cerca de 16.400 empleos directos y, cada euro de financiación pública recibido, devuelve a la sociedad unos 2,6 euros de valor. Estas cifras, que se presentaron como evidencia de la solidez del modelo, invitan a pensar en las fundaciones como piezas clave para mantener la actividad económica, al tiempo que se garantiza un rumbo socialmente permeable y sostenible.

Entre los casos de éxito que se comentaron estuvieron BBK Fundazioa, Artizarra Fundazioa y Ecodes-Somos Stewards, que mostraron cómo estas fórmulas pueden reforzar el arraigo, la continuidad de proyectos empresariales y una gobernanza orientada al largo plazo.

Pero la conversación también abordó retos concretos: atraer perfiles directivos y garantizar el relevo generacional en los órganos de decisión, dos elementos esenciales para consolidar organizaciones estables y con vocación de permanencia en Euskadi.

En este punto, Gaztenpresa Fundazioa, Fabrika Fundazioa y EDE Fundazioa aportaron una mirada complementaria al debate, haciendo hincapié en la necesidad de estructuras de liderazgo que acompañen la transición sin perder foco en el objetivo social y en la satisfacción de las necesidades del territorio.

Para situar este esfuerzo en un marco histórico, vale recordar que las fundaciones han estado presentes en Euskadi desde hace décadas como instrumentos para canalizar recursos hacia educación, cultura y desarrollo comunitario.

Su evolución reciente refleja una respuesta a los retos de la economía contemporánea: mayor profesionalización, gobernanza más transparente y una visión de largo plazo que coloca al territorio en el centro.

Así, la reflexión que emerge del curso es clara: la buena gobernanza, un marco legal claro y una gestión orientada al interés público permiten que la rentabilidad y el impacto social se refuercen mutuamente, fortaleciendo no solo a las empresas y sus proyectos, sino también el tejido social y la cohesión de Euskadi.

En definitiva, la jornada dejó claro que las fundaciones empresariales pueden ser una palanca clave para el arraigo social y económico, y para garantizar la continuidad de proyectos que contribuyen al desarrollo del país sin renunciar a valores fundamentales como la responsabilidad, la lealtad al objetivo y la visión a largo plazo.

El camino, por tanto, pasa por una gobernanza sólida, un marco regulatorio claro y una cultura de colaboración entre empresa, comunidad y territorio que permita mirar al futuro con confianza.