El Gobierno Vasco busca cerrar un acuerdo con dos inversores para las antiguas plantas Guardian y Glavista en Aiaraldea, con una inversión estimada de 80-85 millones y la creación de 400 empleos; el cierre depende de ocho preacuerdos que ya están comunicados como cerrados con la Administración autonómica y la Diputación de Álava.

En Euskadi, el Gobierno Vasco afirma que está a punto de cerrar un acuerdo con dos inversores industriales para las antiguas plantas Guardian y Glavista, ubicadas en la comarca de Aiaraldea.

Tras las filtraciones de estos días en los medios, piden prudencia y discreción hasta que los papeles estén firmados y el cierre quede cerrado. Este proyecto implicaría una inversión estimada de entre 80 y 85 millones de euros y la creación de unos 400 empleos directos en la comarca.

La operación supondría dar salida a una de las mayores instalaciones industriales en Aiaraldea y, con ello, impulsar el desarrollo económico de la zona, a la vez que se intenta sostener el tejido industrial ante la presión de la globalización y la transición energética.

Llevamos meses avanzando en negociaciones complejas que requieren acuerdos multilaterales entre distintas partes, desde autoridades regionales hasta empresarios y sindicatos.

El cierre definitivo de la operación depende de la firma de ocho preacuerdos condicionados y vinculantes entre las partes implicadas. Si algún punto falla, el acuerdo podría caerse. Según el Gobierno Vasco, los preacuerdos correspondientes a la Administración autonómica y a la Diputación Foral de Álava ya están cerrados. A partir de ahí, las partes deben completar el resto para que todo quede sujeto a las condiciones pactadas.

Se subraya la necesidad de responsabilidad de todas las partes para que se puedan cerrar sus preacuerdos correspondientes por el bien de Aiaraldea y su futuro industrial.

El mensaje es claro: o todo se acuerda y se firma, o no hay acuerdo. En esa línea, el Ejecutivo recuerda que la transparencia debe ser una excepción para proteger a los trabajadores y a las comunidades afectadas por el proceso de reconversión industrial.

Contexto histórico y económico: Aiaraldea ha sido durante décadas una plaza industrial importante en Álava, con fábricas relevantes que dieron empleo a miles de vecinos.

En los últimos años, la región ha trabajado para reconvertirse hacia tecnologías y procesos de mayor valor añadido, impulsando planes de reindustrialización y apoyos a inversiones que combinen talento local y tecnología.

En este marco, proyectos como el de Guardian y Glavista —con su potencial de generación de empleo estable y modernización de activos— encajan en la estrategia regional de sostener la economía y la cohesión social.

La inversión anunciada tiende a alinearse con las políticas del Gobierno Vasco para revitalizar zonas industriales afectadas por cierres y reubicar a trabajadores en sectores con demanda.

A nivel social, empresas y sindicatos miran con interés la posibilidad de un nuevo polo productivo. Si se cierra, podría significar un impulso para la cadena de suministro local, la formación técnica y las oportunidades para pymes de la zona. Sin embargo, también está la cautela: las negociaciones multilaterales requieren tiempo y las partes deben asegurarse de que cada condición se cumpla, además de vigilar el impacto ambiental y la seguridad laboral.

En paralelo, la historia de estas plantas refleja los vaivenes de la industria en Euskadi: fases de crecimiento, cierre y, ahora, la esperanza de una reconversión que combine mantenimiento de empleo con modernización tecnológica.

Por ello, la comunidad observa atenta cada movimiento y valora la responsabilidad de gestionar con prudencia estos acuerdos, que afectarán a miles de familias de la región.

En resumen, el proceso está en una fase crucial: hay un marco de inversión y empleo en juego, pero aún quedan pasos por dar. Los próximos días serán decisivos para saber si la ruta de ocho preacuerdos se completa y si se firma el paquete definitivo que permita a Guardian y Glavista tomar un nuevo rumbo dentro de la economía vasca.

Si la operación sale adelante, podría convertirse en un hito de la reindustrialización en Euskadi y un ejemplo de cómo la colaboración entre administración, inversores y trabajadores puede generar oportunidades sostenibles en territorios con historia industrial.