Un estudio en Euskadi revela que la mayoría asocia el deporte con valores positivos, pero un 34,9% ha vivido o presenciado violencia. Estas cifras impulsan políticas y acciones para proteger a la infancia en clubes y escuelas.

En Euskadi se ha presentado el informe Percepción de los Entornos Seguros en el Deporte, un estudio elaborado por Kunina Sports and Education con el respaldo del Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno Vasco.

La investigación, realizada en 2025, ha contado con 560 menores y jóvenes que practican deporte en los tres territorios y ha abarcado 40 prácticas deportivas diferentes.

El objetivo central no es solo medir sensaciones, sino entender qué funciona y qué hay que mejorar para que el deporte sea realmente un espacio seguro para la infancia y la adolescencia.

Entre los datos de contexto, destacan tres bloques: quiénes participan, qué sienten en general sobre la seguridad y qué experiencias de violencia se han podido identificar.

En cuanto a las características de los participantes, el 68% son federados, el 17,3% forman parte de programas de alto rendimiento y el 15% lo practica por afición.

Casi la mitad de las personas encuestadas (44,7%) tienen entre 14 y 18 años.

En cuanto a la percepción de la seguridad, la gran mayoría asocia el deporte con valores positivos como el trabajo en equipo, la amistad y el esfuerzo.

Sin embargo, hay una franja relevante que reconoce haber vivido o presenciado situaciones que les hicieron sentirse inseguros: alrededor del 20% de los menores mencionaron estas experiencias.

El principal motivo de inseguridad no es una lesión, sino el trato inapropiado de algunas personas adultas, como entrenadores o familiares, seguido de actitudes hostiles de otros compañeros.

Un dato clave es la autopercepción de violencia: un 34,9% de los encuestados aseguró haber vivido alguna situación de violencia en su experiencia deportiva.

Dentro de ese grupo, el 56% son chicos y el 44% chicas. Entre los que reportaron haber sufrido violencia, el 81% indicó violencia psicológica y emocional (gritos, insultos, humillaciones). Un 17% habló de violencia física vinculada a la competición (golpes, lesiones intencionadas, peleas) y un 2% mencionó violencia sexual, negligencia o comportamientos en las gradas.

En cuanto a la violencia familiar, la referencia es mínima en la muestra.

Los autores señalan que una posible explicación de la baja identificación de la violencia familiar como violencia explícita podría ser la dificultad de reconocer ciertas expresiones como violencia cuando se las etiqueta como un “asunto de la familia”.

También destacan la importancia de visibilizar estas conductas para que las y los menores tengan herramientas para denunciar sin miedo.

La experiencia de quienes han sufrido violencia a menudo no se acompaña de respuestas adecuadas por parte del entorno. Así, el 52% de las personas que han vivido violencia la verbalizaron a alguien cercano, y en el 69% de las ocasiones no se hizo nada ante esa comunicación.

Este silencio tiene efectos directos en el bienestar emocional y puede derivar en cambios de club o incluso abandono de la práctica deportiva.

Las conclusiones y recomendaciones del informe son claras: reforzar la formación de entrenadores y monitores en protección infantil, y crear canales de comunicación accesibles para que los menores expresen sus inquietudes sin temor a represalias.

Se propone la implementación de políticas de tolerancia cero frente a cualquier forma de abuso y campañas educativas que involucren a toda la comunidad deportiva.

En palabras de Iñaki Alonso, representante de Kunina Sports and Education, “el crecimiento deportivo debe ir de la mano de un acompañamiento sano.

Hay que cambiar la cultura deportiva, priorizando el juego y el bienestar de las niñas, los niños y los adolescentes”. También subraya la necesidad de promover prácticas más allá de los deportes mayoritarios, como el Multi Kirolak, y fomentar el Tercer Tiempo como un acto de respeto y camaradería entre familias y jugadores.

El informe sitúa a Euskadi como una comunidad que ya dispone de herramientas para la protección de la infancia en el deporte. Según los responsables, el Decreto del Deporte Escolar y la Ley de Infancia y Adolescencia han contribuido a crear una “caja de herramientas” para la implementación de políticas de protección, mientras que las diputaciones forales han puesto en marcha figuras de protección de la infancia dentro de los clubes, así como protocolos y formación obligatoria para monitores de deporte escolar.

La investigación también señala la necesidad de sensibilizar y capacitar a profesionales y voluntarios que actúan como referentes para las niñas, niños y adolescentes en distintos ámbitos, reforzando una Cultura del Buen Trato basada en relaciones violentas, respetuosas y equitativas para garantizar entornos físicos y emocionales seguros.

Por último, Kunina ha recibido una subvención nominativa de 50.000 euros por parte del Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico en 2025, destinada, entre otras actuaciones, a esta investigación. Los resultados serán la base para futuras acciones y políticas orientadas a mejorar la seguridad en los entornos deportivos y a promover una cultura de respeto, igualdad y bienestar.

En resumen, el informe no solo diagnostica lo que sucede en las pistas y los campos, sino que propone un plan de acción claro para que la protección de la infancia en el deporte deje de ser una cuestión pendiente y se convierta en una realidad cotidiana en Euskadi.

El compromiso es de instituciones, clubes, familias y entrenadores para avanzar hacia entornos verdaderamente seguros e inclusivos para todas las personas menores que practican deporte.