Una encuesta revela que la preocupación por la IA supera otras inquietudes laborales. 53% teme perder su empleo u ocupar el de alguien de su hogar; mientras tanto, empresas recortan puestos y surgen debates éticos y religiosos.

Más de la mitad de los estadounidenses está preocupado de que la inteligencia artificial les quite el trabajo a ellos o a alguien de su casa. Eso es lo que arroja una encuesta reciente de Reuters/Ipsos, realizada entre 4.531 adultos del país. El dato clave es simple y duro: 53% de los encuestados teme que la IA les quita el empleo, o el de algún familiar directo. La cifra no distingue entre edades ni entre afiliaciones políticas; la preocupación es amplia y transversal, aunque hay diferencias entre demócratas y republicanos, con los primeros mostrando un poco más de inquietud.

La alerta llega en un momento en que muchas empresas están invirtiendo en tecnologías de IA y, al mismo tiempo, recortando puestos de trabajo. En el sector privado, hemos visto ejemplos recientes que alimentan la conversación: Intuit anunció un recorte significativo de su plantilla global para centrarse más en sus apuestas de IA.

No es un hecho aislado: otro caso destacado es el de Klarna, que comunicó una reducción importante de su personal, según reportes de la industria, y voces en algunas grandes corporaciones señalan que la IA puede disminuir la demanda de ciertos perfiles, especialmente en puestos de entrada o administrativos.

Entre las declaraciones de líderes empresariales, resalta el comentario de un directivo de Ford, quien afirmó que la IA podría “reemplazar literalmente a la mitad de los trabajadores de cuello blanco en Estados Unidos” si la adopción de estas herramientas continúa a este ritmo.

Aunque estas declaraciones han encendido debates, también hay quien apunta a que la IA podría generar nuevos puestos de trabajo y ampliar la productividad, siempre que se combine con una adecuada formación y una redefinición de roles que aproveche las habilidades humanas.

En paralelo a estas discusiones, hay un marco cultural y ético que se va tejiendo. El Papa León XIV, en sus encíclicas sobre IA, ha generado preguntas sobre las obligaciones de las empresas y los proveedores de tecnología frente a la religión y a la vida laboral de los trabajadores.

Sus enseñanzas subrayan que el progreso tecnológico debe ir acompañado de una participación política activa que permita frenar impulsos acelerados cuando no hay un equilibrio social que lo justifique.

Es un recordatorio de que la tecnología no se mueve en un vacío jurídico o social.

La conversación no se limita a la tecnología o a la fe. En el ámbito laboral, los datos históricos importan para entender el contexto: cada avance tecnológico ha traído cambios en el empleo. En la era de la IA, la clave está, según analistas, en facilitar la transición. Por ejemplo, estudios de la Challenger, Gray & Christmas señalan que la economía ha visto ajustes en la contratación, con un componente de IA en un cuarto de los recortes de empleo observados en meses recientes.

Otros datos de referencia muestran que, a nivel de educación, alrededor del 60% de las empresas declaró haber reducido o mantenido igual el número de puestos de nivel de entrada en 2025, frente a 2024; y en Estados Unidos, una parte considerable de recién graduados se encuentra subempleada, un fenómeno que ya se había observado en momentos de cambios tecnológicos anteriores.

Para el lector de a pie, estas cifras se traducen en una pregunta concreta: ¿qué puedo hacer para proteger mi puesto o para reorientar mi carrera ante la IA? La respuesta no es simple, pero sí clara en líneas generales.

Es útil reforzar la formación en competencias que la IA encuentra más difícil de replicar: pensamiento crítico, creatividad, gestión de proyectos, habilidades interpersonales y adaptabilidad.

También se apunta a la necesidad de políticas públicas que faciliten la readaptación laboral, la educación continua y una red de seguridad que acompañe a quienes se vean obligados a cambiar de puesto o de sector.

En suma, la encuesta subraya una realidad compartida por millones: la IA no es solo una promesa tecnológica, sino una realidad que ya está alterando el mercado laboral.

Para muchos hogares, lo más sensato es mirar hacia delante con prudencia y con herramientas que permitan reconciliar la innovación con la estabilidad económica.

Esto incluye educación continua, planes de carrera flexibles y un debate público claro sobre la regulación, el uso ético de la IA y las oportunidades reales de reinserción laboral.

Al final del día, el objetivo no es resistirse al progreso, sino gestionarlo de forma que beneficie a la mayoría sin dejar de lado a quienes hoy dependen de ciertos trabajos que pueden estar en riesgo.