Una organización sin fines de lucro impulsa a jóvenes de Baltimore a través del aprendizaje práctico, conectando oficios con oportunidades reales y planteando un modelo que podría replicarse en otras ciudades.

En Baltimore, una organización sin fines de lucro está cambiando el rumbo de la vida de jóvenes a través del trabajo práctico y un aprendizaje que ocurre en el terreno.

Requity, fundada por Michael Rosenband, convirtió una historia de abandono urbano en una estrategia de revitalización comunitaria. Rosenband dejó una prometedora carrera en Wall Street en 2012 para dedicar su tiempo a entrenar a jóvenes en deporte y, poco a poco, descubrió que podía conectar sus habilidades con oficios que tienen demanda real en el mercado.

Su primer gran proyecto fue Carver House, una casa de ladrillo frente a Carver High, la escuela vocacional ubicada al otro lado de la calle. Durante años esa vivienda permaneció vacía y en deterioro hasta que el equipo de Requity la convirtió en un laboratorio de trabajo para los estudiantes.

Los jóvenes que participan del programa trabajan directamente en la rehabilitación de la casa: se levantan muros, se examina una puerta ecológica en una pared trasera y, sobre todo, aprenden procesos reales de construcción y renovación con supervisión de profesionales.

Este enfoque educativo busca hacer que el aprendizaje no sea teórico, sino algo que los propios estudiantes pueden ver, medir y aplicar desde el primer día.

La iniciativa nació de una observación simple: cuando las evaluaciones llegaban de oficinas, los alumnos de la escuela técnica a menudo no estaban involucrados en las tareas reales que se ejecutan en el sitio de trabajo.

Tras el éxito inicial de Carver House, Requity consolidó un modelo que mezcla desarrollo juvenil, aprendizaje práctico y revitalización comunitaria.

Rosenband, que en su trayectoria personal ha visto el beneficio de una educación orientada a oficios, sostiene que la educación universitaria no es para todos.

En un vecindario donde la población ha vivido años de desindustrialización, esa visión cobra especial relevancia. En Baltimore, apodada con orgullo “Charm City”, la realidad es una mezcla de historia y desafío: la ciudad ha perdido una parte considerable de su población desde 1970 y, según datos, alrededor del 20% de sus residentes vive en pobreza.

Así, los proyectos de Requity pretenden no solo enseñar un oficio, sino also generar un impacto sostenible en la comunidad.

Los resultados operativos respaldan la promesa de este modelo: de las approximately 67 personas que Requity ha colocado hasta ahora, los jóvenes han mostrado una capacidad de adaptarse que se traduce en ingresos más sólidos.

Se estima que el salario promedio de quienes completan el programa y consiguen empleo en el sector de la construcción y afines ronda los 49.000 dólares anuales, lo que equivale aproximadamente a 45.000 euros al tipo de cambio actual. Además, el estudio de trayectoria de estos alumnos sugiere que, a pesar de las dificultades económicas que enfrentan sus familias, estos egresados presentan un rendimiento superior al de cohortes previas y llegan a participar en proyectos que les brindan una mayor responsabilidad profesional.

En el seguimiento de los graduados, se resalta que muchos de ellos logran insertarse en puestos de gestión o supervisión rápida, algo difícil de lograr sin una formación técnica sólida.

En cifras, entre los 67 estudiantes que han pasado por Requity, el promedio de ingresos inicial de sus trayectorias en el sector de la construcción se sitúa en un rango cercano a los 49.000 dólares, y esa cantidad podría acercarse a los 45.000 euros en la actualidad.

Las historias individuales dan cuenta de un cambio más amplio. Keyry, cuyo nombre se pronuncia como “Keytee” Pichinte, es una estudiante de último año que ya recibió ofertas de universidades, pero que manifiesta un fuerte interés en convertir esa formación en una carrera práctica.

Su objetivo es convertirse en arquitecta paisajista, y el programa de Requity le ofrece la confianza para encajar ese sueño en un plan de trabajo concreto.

Justin Bellamy, otro estudiante de la misma cohorte, ha expresado que su experiencia con Requity le ha permitido ver un horizonte profesional en el que podría contribuir en múltiples áreas, desde la carpintería hasta la gestión de proyectos, lo que le da la posibilidad de “hacer algo útil” para su comunidad.

El impacto económico de estas iniciativas no se limita al crecimiento de ingresos de los jóvenes. Expertos señalan que la demanda de trabajadores técnicos está desbordando la oferta en varios sectores, y que la falta de mano de obra calificada podría convertirse en un freno para el crecimiento de la construcción y la renovación de viviendas.

En ese sentido, la colaboración con empresas y fundaciones ha sido crucial. Erin Izen, directora sénior de inversiones comunitarias en The Home Depot y directora ejecutiva de The Home Depot Foundation, subraya que la escasez de oficios no es solo una estadística económica: es un cuello de botella para la resiliencia de las comunidades y para la eficiencia de los proyectos de vivienda y renovación.

Entre las colaboraciones, Home Depot ha comprometido decenas de millones de dólares para formar a trabajadores en el ámbito de los oficios, una inversión que, en euros, se sitúa en un rango amplio dependiendo de la conversión y el año, pero que representa un apoyo significativo al desarrollo de capacidades en todo el país.

No todo es sencillo: algunos observadores advierten que abrir puertas a jóvenes de comunidades con menos recursos para trabajos físicamente exigentes podría generar tensiones culturales y preocupaciones entre familias y dirigentes.

“Presuntamente hay quienes cuestionan si estas trayectorias pueden ser peligrosas o simplemente requieren un seguimiento más estrecho”, señalan analistas y responsables de programas sociales.

Sin embargo, defensores de Requity sostienen que el objetivo no es excluir a nadie, sino ofrecer una gama de caminos que enfatice la elección y el empoderamiento.

En palabras de Marc Morial, presidente de la Urban League, “la clave es la elección”: no se debe forzar a nadie a tomar un camino único, sino presentar opciones que se ajusten a los intereses y habilidades de cada persona.

La experiencia de Baltimore ya ha servido como un modelo de prueba para otras ciudades que buscan combinar educación práctica y renovación de barrios.

Aunque la escala exacta de estos planes varía, la idea central —que el aprendizaje en el sitio, cuando está bien respaldado por mentores y por inversión comunitaria— podría replicarse allí donde haya viviendas desocupadas y jóvenes con ganas de aprender.

En ese sentido, algunos analistas sostienen que, si se implementa de forma adecuada, este enfoque podría contribuir a reducir costos de vivienda, acelerar la mano de obra calificada y brindar a las comunidades una nueva narrativa de progreso.

Aunque se trata de un proyecto aún en desarrollo, los resultados iniciales de Requity en Baltimore apuntan a un camino que podría expandirse: combinar curricula prácticos con oportunidades de empleo, fortalecer a las comunidades y ofrecer a los jóvenes una forma tangible, concreta y sostenible de construir su futuro.

(Fuente: USA TODAY, con notas sobre el contexto local y las cifras mencionadas, adaptadas a euros para este artículo).