Los precios de los alimentos en casa suben en abril, impulsados por varios factores como la energía, la cadena de frío y problemas de suministro. Este artículo desglosa qué está ocurriendo y ofrece medidas simples para recortar la factura.

La subida de precios de la compra no es un fallo aislado: en abril el gasto en alimentos en casa subió un 0,7% respecto a marzo, y ese repunte es el mayor incremento mensual en al menos cuatro años.

A lo largo de los últimos doce meses, la inflación de la cesta de la compra se acerca al 3%. Eso implica que cada semana, el coste de llenar la despensa se lleva una porción mayor del presupuesto familiar. Quien no esté atento puede verse obligado a recortar en otros gastos o a ajustar hábitos para llegar a fin de mes.

La historia detrás de ese movimiento no tiene un único culpable. Es un mosaico de factores que se acumulan y se retroalimentan. En primer lugar, los costes de energía siguen presionando los precios de la cadena de suministro. El diésel y otros combustibles utilizados para transportar productos refrigerados encarecen, de forma directa e indirecta, aquellos productos que dependen de la cadena de frío: frutas y hortalizas frescas, lácteos y ensaladas preparadas.

Como resultado, estos grupos han mostrado algunas de las alzas más fuertes en el mes.

En segundo lugar, el precio de la carne se mantiene alto. En Estados Unidos, el hato de ganado vacuno está en su nivel más bajo en décadas, y la demanda de proteína se mantiene elevada, lo que sostiene los precios de la carne.

En tercer lugar, problemas climáticos en México y Florida han afectado la oferta de tomates y otras hortalizas, y las importaciones mexicanas llevan aranceles que elevan el precio para los consumidores en los supermercados.

Además, el café refleja restricciones de suministros y cosechas anteriores, con efectos que se transfieren a los precios al consumidor; de momento, esa presión no se ha aliviado.

Los fertilizantes podrían encarecer la producción en el futuro cercano si persisten tensiones geopolíticas o interrupciones en suministro, y ese coste podría trasladarse a los precios de los alimentos en los próximos meses.

En conjunto, estos choques no llegan en oleadas aisladas; se acumulan y se superponen, y el resultado es que la subida de precios de la alimentación se mantiene alta incluso cuando otros sectores muestran cierto desahogo.

Qué hacer para ahorrar:

- Compara precios y aprovecha promociones: consulta anuncios semanales, busca ofertas en diferentes tiendas y utiliza cupones cuando existan.

- Varía las fuentes de proteína: cuando sea posible, alterna entre pollo, cerdo o pescado, y reduce, si puedes, el consumo de carne de vacuno sin renunciar a la proteína diaria.

- Compra en temporada y local: la fruta y la verdura de temporada suelen costar menos porque requieren menos transporte y menos almacenamiento caro.

- Valora las marcas de la tienda: los productos de marca blanca o de distribución suelen costar menos y, para la mayoría de básicos, la calidad es comparable a la de las marcas nacionales.

- Planifica menús y cocina en casa: hacer un plan semanal evita compras impulsivas y reduce desperdicios, que al final equivalen a dinero perdido.

La conclusión es que no hay un único culpable detrás de la subida; es la suma de varios factores que, por ahora, se mantiene en niveles que afectan a los hogares.

Pero con una gestión más cuidadosa de la compra y aprovechando la competencia entre comercios, es posible contener el gasto sin tener que recurrir a sacrificar la alimentación o la calidad de los alimentos.}