Reportaje sobre cómo las publicaciones virales de thrifting están redefiniendo el consumo y el sector solidario, con datos convertidos a euros y contexto histórico de la economía circular.
Una nueva ola de thrift se ha apoderado de las redes sociales, transformando lo que una persona ya no necesita en un hallazgo para otras miles de personas.
Los videos de personas buscando gangas, recorriendo estantes y mostrando sus hallazgos se han vuelto virales y han trasladado la idea de la segunda mano desde las tiendas físicas al feed de millones.
Este fenómeno, que algunos observadores describen como una caza de gangas online, ha acelerado el interés por comprar ropa y objetos usados, además de impulsar una conversación más amplia sobre consumo responsable y sostenibilidad.
En términos cuantitativos, los datos de las mayores redes solidarias indican un cambio de tamaño y de alcance: el ingreso total de Goodwill en el último año alcanzó aproximadamente 6,44 mil millones de euros, lo que representa un incremento de alrededor del 7% respecto al ejercicio anterior.
La red de tiendas y centros de salida de mercancía de Goodwill superaba las 3.400 unidades, un escenario que subraya la magnitud de este modelo de economía circular, donde cada prenda o artículo puede volver a entrar en circulación varias veces.
Paralelamente, entidades como Salvation Army reportan movimientos significativos en el ecosistema digital y minorista: ciertos portales regionales registraron un aumento interanual de hasta el 55% en visitas a sus sitios web, y en algunos mercados, las ventas online en enero crecieron en torno al 50% frente al mismo mes del año anterior.
Estos datos, aunque no uniformes en todos los territorios, apuntalan la idea de que la demanda de segunda mano está dejando de ser una opción marginal para convertirse en una opción cotidiana para un segmento cada vez más amplio de consumidores.
La influencia de las redes va más allá de las ventas: Depop, una plataforma de compraventa de ropa usada, señala que un porcentaje significativo de compras en la actualidad desplaza una compra nueva en otros lugares, y que muchos compradores prefieren seguir explorando artículos de segunda mano o posponer la compra si no hallan algo que les guste.
En este marco, la economía de la segunda mano aparece como un motor de cambio que conecta a compradores con vendedores sin necesidad de intermediarios tradicionales, al tiempo que facilita la reutilización de artículos y reduce la generación de desechos.
El creciente interés por el thrifting ha impulsado a creadores de contenido a convertirlo en una actividad comercial y cultural. En plataformas como TikTok, mujeres y hombres jóvenes han hecho de la caza de gangas una propuesta de entretenimiento y estilo de vida: por ejemplo, algunas creadoras con miles de seguidores publican series de búsquedas crónicas, mostrando la evolución de la mercancía disponible y la sorpresa de lo que pueden encontrar.
Los videos, además, suelen enfatizar que encontrar piezas únicas puede ser una forma de expresar identidad y, a la vez, de contribuir a un consumo más sostenible.
Entre las historias de quienes se dedican a mostrar hallazgos, destacan los testimonios de figuras con gran alcance en redes. Mencionan que el thrifting les permite mantener su estilo personal sin recurrir al consumo masivo y, a la vez, convertir un hobby en actividad rentable.
Este fenómeno no está exento de debates: algunos analistas señalan que la exposición constante a productos usados podría intensificar la presión de comprar para mantener el ritmo de publicaciones, mientras otros advierten que, si bien hay riesgos, el impulso hacia la sostenibilidad y la reutilización podría ser un contrapeso al consumismo rápido.
Desde una óptica histórica, el thrifting no es una moda reciente: tiendas de segunda mano y movimientos de donaciones surgieron a finales del siglo XIX y principios del XX, con una consolidación fuerte en Estados Unidos gracias a organizaciones como Goodwill (fundada a comienzos de 1900) y a redes de suministro de caridad.
A lo largo de las décadas, estas entidades han evolucionado con la tecnología, integrando canales online y fortaleciendo la idea de que la reutilización puede coexistir con la moda y la economía.
En el marco actual, la llamada economía circular busca alargar la vida de los productos, reducir residuos y promover prácticas de consumo más responsables.
A pesar de la diversidad de mercados y de la heterogeneidad de resultados, el fenómeno global de thrifting parece haber llegado para quedarse: supuestamente, la confluencia de contenido en redes, plataformas de reventa y el interés de consumidores por valores de sostenibilidad están redefiniendo lo que significa comprar, vestir y desechar.
En ese sentido, presuntamente la temporada actual podría marcar el pasaje de una moda efímera a una tendencia estructural que haga del consumo responsable una parte central de la experiencia de compra cotidiana, tanto en Estados Unidos como en Europa, y que inspire a más actores a unirse a esta economía compartida y de bajo impacto ambiental.