Jannik Sinner continúa marcando época en el circuito: alcanza la 31ª victoria consecutiva en Masters 1000 al vencer a Pellegrino en Roma, igualando un récord histórico y acercándose a un hito que sólo había conseguido Djokovic. Análisis de su dominio, los números que lo acompañan y el contexto para Roland Garros.
Jannik Sinner no es un jugador cualquiera: cada vez que pisa la pista parece acercarse a otro hito. En el Masters 1000 de Roma, el italiano no sólo consiguió avanzar a cuartos de final, sino que dejó claro que su nivel está en un punto muy alto y estable.
Este martes, al derrotar a Andrea Pellegrino, Sinner selló su pase a los cuartos de final y, de paso, igualó un récord que hace años parecía propiedad de una de las grandes leyendas del tenis: 31 victorias seguidas en Masters 1000.
Una cifra que, en estos tiempos, sólo Djokovic había logrado en la historia reciente de la competición, en una racha que el serbio brilló con fuerza hace más de una década.
La lectura del momento del italiano es clara: ha convertido esa racha en una constancia de alto rendimiento. Sinner arrancó esta serie tras ganar en París a principios de noviembre y ha ido alimentándola con victorias en Indian Wells, Miami, Monte Carlo y Madrid.
En Roma, el Foro Itálico se ha convertido en su escenario propicio: en tres encuentros disputados allí aún no ha cedido un set y sólo ha dejado escapar una quincena de juegos en total.
En concreto, este martes venció a Pellegrino con parciales de 6-2 y 6-3, mostrando un dominio que contrasta con el ritmo de otros nombres del circuito.
El dato que amplifica la historia es la estadística de sets: Sinner acumula 62-2 en parciales durante esa racha de 31 victorias. Los únicos dos sets que ha cedido en esa fase de la gira han sido ante Tomas Machac, en octavos de Monaco, y ante Benjamin Bonzi, en la primera ronda de Madrid.
Es decir, cuando está activo, la pérdida de sets se reduce a mínimos. Esta contundencia va de la mano de un 26-0 en victorias consecutivas desde el 19 de febrero, un dato que habla de una consistencia que ya asusta a rivales y comentaristas.
La ausencia de Carlos Alcaraz en Roma —el murciano se retiró por una tendosinovitis en la muñeca derecha, lo que también le costará estar en Roland Garros— deja al número uno del mundo con un escenario especialmente favorable en la capital italiana.
Sin su compatriota, la figura de Sinner se agranda, y la sensación es que, más allá de la estadística, está al frente de una gira de tierra batida que podría coronarlo como el gran dominador de la temporada de arcilla.
En la historia reciente del tenis, cuatro jugadores han dejado una marca similar de dominio en Masters 1000, pero pocos han conseguido ligar la potencia de Djokovic, Federer o Nadal con la regularidad que ahora exhibe Sinner.
Djokovic, por ejemplo, logró esa racha de 31 victorias en otro momento de su carrera, y Federer dejó su propio legado con series cercanas a ese nivel.
Pero lo que está haciendo Sinner en este tramo no es sólo una cifra; es una muestra de que ha aprendido a leer cada partido, cada situación de viento y cada presión de la pista para convertirla en una victoria.
Además, este rotundo rendimiento coloca a Sinner en la conversación de los grandes capítulos del tenis moderno. Con los títulos de París 2025 y de los primeros cuatro Masters 1000 de 2026, ya es reconocido como el primer jugador en encadenar cinco torneos de esa categoría consecutivos.
El objetivo, a partir de ahí, podría ser convertir ese récord en una marca de seis Masters 1000 seguidos, un hito que, según las crónicas, sólo parece posible para alguien que ya está a ese nivel de madurez y ambición.
Si llega ese paso, quedaría posicionado como el segundo jugador más destacado de la era pos Grand Slams, detrás de un puñado de nombres que ya escribieron la historia en ese frente.
Con su mente puesta en París y con una flexibilidad física que le permite sostener este nivel, Sinner no parece detenerse. Su tenis, fino y eficaz, se alimenta de un servicio que funciona a pleno rendimiento, rallies cortos y una defensa que parece imbatible cuando está inspirado.
Y aunque aún queda camino por recorrer, la sensación en Roma es que estamos ante un momento clave en el que se está forjando un nuevo referente del tenis mundial.
«Estoy muy feliz con este resultado. Y muy feliz por Andrea también. Fueron condiciones difíciles con el viento», comentó Sinner tras el triunfo. Y añadió: «Estoy contento por cómo estoy intentando afrontar este tipo de situaciones. Las pruebas son cada vez más exigentes. Y estos partidos me sirven y me llevan al límite; son una buena preparación para Roland Garros».
Con estas palabras, el italiano resume el espíritu de una campaña que no sólo busca título en Roma, sino consolidar una trayectoria que podría terminar transformando la historia de la disciplina en la próxima gran era del tenis.
El foco está puesto en París, pero la narrativa ya se escribe en la capital italiana: Sinner, con su arrolladora precisión, parece haber encontrado la fórmula para no bajar el ritmo en todo el año.