Guido Andreozzi aceptó la convocatoria para la Davis Cup y viajó a Busan para los Qualifiers; a su regreso, forma dupla con Manuel Guinard y ya disputan las semifinales en el BALTC, tras vencer a Nam y Park. El artículo repasa el contexto histórico y la actualidad del torneo.

Guido Andreozzi aceptó sin dudar la invitación de su capitán para sumarse a la gira de clasificación de la Copa Davis y voló hasta Busan, la ciudad portuaria de Corea del Sur, donde Argentina debía enfrentar al equipo local en la primera ronda de los Qualifiers.

El objetivo era claro: cumplir el sueño de debutar en la llamada “Copa del Mundo” del tenis y dejar una buena impresión para la temporada que se avecinaba.

El viaje fue extenso y exigente, con una escala larga que llevó al argentino a recorrer casi 20 mil kilómetros de ida y otros tantos de regreso, además de enfrentar un desfase horario de doce horas y un cambio de superficie y temperatura a pocos días del Argentina Open.

Aun así, Andreozzi mostró una actitud positiva y una gran entrega para representar a su país bajo presión.

Una vez en pista, el juego en Busan dejó señales positivas: junto al francés Manuel Guinard, la dupla argentina logró imponerse en su debut ante la pareja colombiana Barrientos y el estadounidense Eduardo Nava, con un marcador de 6-4 y 6-2 en una hora y trece minutos.

Este triunfo no solo valía para el cierre de la serie; también funcionó como un indicio de que el equipo local podía sostener un nivel alto ante rivales duros y de mayor experiencia.

Antes de regresar a Buenos Aires, Andreozzi ofreció una mirada clara sobre lo que significaba representar a Argentina en un formato tan especial como la Davis: la Copa Davis es distinta a otras competiciones porque se siente de manera más intensa el apoyo de la afición y porque, en estas series, cada punto tiene un peso diferente al de otros torneos.

En ese sentido, el tope emocional de jugar este evento en un escenario internacional se sumó al deseo de aprender y de aportar lo mejor posible para su país.

Con el retorno al país, el argentino quedó enrolado en la expectativa de avanzar a las semifinales en Buenos Aires, donde comparte pista con Guinard para enfrentar al público argentino en el Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC).

La sucesión de partidos de ese día mostró una dinámica de alto nivel: la Argentina buscaba ampliar su protagonismo y dejar sentadas las bases para la siguiente fase, mientras que la pareja internacional buscaba consolidar su química y pulir detalles que aún podían mejorar.

La campaña de Andreozzi en la Davis no es solo un capítulo de 2026; forma parte de una tradición de la Argentina en este torneo, que ha contado con grandes nombres y temporadas que dejaron huella en la historia de la Davis.

A nivel de antecedentes, este formato de competencia ha servido para que jugadores de doblistas y singles compartan esfuerzos, fortaleciendo vínculos entre el tenis de equipos y la cultura de la representación nacional.

En la fase de semifinales, Argentina enfrentaba a la dupla brasileña compuesta por Orlando Luz y Rafael Matos, terceros sembrados, en un duelo decisivo para avanzar a la final.

En paralelo, otra semifinal programada para ese día reunía a González y Molteni frente a Collarini y Kicker. Con la mirada puesta en el título, el equipo argentino sabía que cada punto tendría un significado más allá de la victoria individual, y que este recorrido es, en última instancia, una muestra del crecimiento del tenis nacional en un escenario global.

Los próximos retos para Andreozzi, ya asentado en la competencia con Guinard, estarán marcados por la continuidad de su viaje dentro de un formato que premia el esfuerzo colectivo y la capacidad de adaptarse a circunstancias variables, tanto en lo deportivo como en lo logístico.

En un deporte que no perdona, la clave está en mantener la concentración y la identidad de equipo, elementos que hoy perfilan a Argentina para seguir peleando por avanzar en la Davis Cup.