La definición del Challenger de Rosario estuvo empañada por mensajes intimidatorios recibidos por Burruchaga y Sánchez-Izquierdo, lo que activó protocolos policiales y la intervención de la ITIA.
A pesar de las circunstancias, Sánchez-Izquierdo continuó con su compromiso en la cancha y el torneo dejó claro que la seguridad del evento era prioritaria y que se reforzarían los controles para evitar cualquier acción que afecte la justicia deportiva.
En redes sociales, el tenista publicó un comunicado agradeciendo el apoyo recibido por su equipo y anunciando su cooperación con las investigaciones, al tiempo que solicitaba descanso para asimilar el episodio.
En síntesis, el desafío no fue meramente técnico, sino humano: la integridad de un deporte que, como otras disciplinas modernas, debe enfrentar riesgos derivados de la conectividad y la exposición pública de sus protagonistas.
Las autoridades esperan avanzar en las pesquisas para identificar a los responsables y establecer medidas preventivas que eviten situaciones similares en futuras ediciones del torneo.