Una rueda de prensa previa a la final reunió a las mayores estrellas del deporte. Scaloni, Messi y el Dibu compartieron escenario con leyendas del tenis, el fútbol americano y el básquet. El momento más surrealista de la Copa del Mundo.
Imagínate que estás en una rueda de prensa antes de la final de un Mundial y de repente suben al escenario Novak Djokovic, Tom Brady y Kevin Durant. Pues eso pasó el otro día en Nueva York, en el Fanatics Fest, justo antes de la gran final entre Argentina y España. El evento, organizado por la FIFA, tenía todo para ser una simple charla de los entrenadores y capitanes, pero se convirtió en una constelación de estrellas.
Lionel Scaloni, el técnico argentino, lo definió perfectamente: 'surrealista'. Y es que ver a Messi, Dibu Martínez, Rodri y Luis De la Fuente rodeados de leyendas de otros deportes fue algo nunca visto. Más de 2.000 personas pagaron 82 dólares por estar ahí, y vaya que valió la pena. El primero en aparecer fue Djokovic, que hasta entrevistó a Messi. El serbio le preguntó cómo maneja la presión, y Leo, con su sonrisa tímida, soltó: 'Crecimos con mucha pasión, con ganas de divertirnos y competir.
Somos un grupo competitivo'. Un momento que ni guionista lo hubiera escrito mejor.
Luego llegó Tom Brady, el quarterback de los siete anillos de la NFL, que no se cortó un pelo y le preguntó a Messi por la foto con Lamine Yamal de bebé.
El argentino necesitó que el Dibu le tradujera, y respondió con educación: 'Esa foto es una locura. Yamal es uno de los mejores y ojalá no tenga su mejor versión el domingo'. El que cerró el show fue Kevin Durant, el basquetbolista de los Rockets, que sin leer nada le preguntó al Dibu por el orgullo de ser argentino. El marplatense, en un inglés perfecto, habló de la locura de Qatar 2022 y de lo que significa una nueva final.
Pero lo más gracioso fue cuando pidieron una selfie grupal. Todos posaron: Messi, Djokovic, Brady, Durant, Dibu, Rodri, hasta el cómico Kevin Hart y el rapero Travis Scott. Pero Scaloni, el listo del grupo, se escurrió por detrás y se fue a abrazar a Luis De la Fuente. Nadie lo notó, y a nadie le importó. El espectáculo ya estaba servido. La final, con su entretiempo de 30 minutos (el doble de lo normal, como ya pasó en la Copa América 2024), promete ser igual de épica.
Este tipo de momentos recuerdan que el fútbol es más que un partido. Es unión, sorpresa y, sobre todo, historias que contar. La foto de todos ellos juntos será recordada como el preludio de una final que ya es histórica.