Murió Alfredo Davicce a los 96 años, figura clave en la era de River Plate entre 1989 y 1997, impulsor de un enfoque gerencial y responsable de una etapa de títulos y transformaciones.

Falleció en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Alfredo Davicce, ex presidente de River Plate que lideró el club entre 1989 y 1997 y que, posteriormente, ejerció funciones de vicepresidencia y coordinó nuevamente el Consejo de Fútbol en años posteriores.

Davicce, nacido el 17 de noviembre de 1929, fue licenciado en Economía y contador público, y su trayectoria en la entidad comenzó a inicios de la década de 1960, cuando ocupó distintos cargos dentro de la estructura institucional.

Entre 1968 y 1973 ejerció como vocal y formó parte del Consejo de Fútbol, además de presidir el Departamento de Fútbol durante la gestión de Julián William Kent.

En 1983 contrajo la candidatura para la presidencia, pero fue vencido por Hugo Santilli. No obstante, seis años después logró revertir la situación: al frente de la agrupación Cruzada de Unidad Riverplatense, derrotó al candidato oficialista Osvaldo Di Carlo y se convirtió en el 20º presidente del club, posición que renovó para un segundo periodo tras cuatro años adicionales.

En su gestión, River Plate acumuló una serie de éxitos deportivos de alto impacto, entre los que destacan la conquista de la Copa Libertadores 1996, la Supercopa 1997, y el título argentino 1989/90, así como los campeonatos Apertura de 1991, 1993, 1994, 1996 y 1997, y el Clausura 1997.

Estos logros ubicaron a River Plate en una etapa de reconocimiento continental y fortalecieron su hegemonía doméstica en una década marcada por cambios estructurales en el fútbol argentino.

Davicce fue, además, un impulsor de un modelo empresarial aplicado al club, promoviendo una gestión basada en un panel de ejecutivos y en una gobernanza que buscaba separar la política institucional de las decisiones operativas.

Sus declaraciones, recogidas en una entrevista publicada en 1999, enfatizaban la necesidad de que los ejecutivos trabajaran con autonomía y que los contratos fueran analizados por el equipo jurídico correspondiente, manteniendo a los técnicos y directores como responsables de las decisiones técnicas y deportivas.

Aunque no se materializó plenamente el proyecto de convertir al club en una empresa, dejó una huella en el debate sobre la gestión deportiva profesional y la posibilidad de aplicar principios empresariales al fútbol que, en las décadas siguientes, fueron compartidos por otros clubes de la región.

Tras completar su segundo ciclo, Davicce ocupó la vicepresidencia primera bajo la gestión de su sucesor, David Pintado (1997-2001), y volvió a liderar el Consejo de Fútbol en determinados períodos.

En el entorno cercano, su salida coincidió con una semana particularmente difícil para Núñez, marcada también por el fallecimiento de Máximo Sabbag, otra figura histórica de la conducción riverplatense desde los años ochenta.

Davicce fue recordado por haber promovido un marco de gestión que buscaba profesionalizar el club, a la vez que preservaba su identidad deportiva y su responsabilidad ante una afición que exige resultados y estabilidad institucional.

Su legado, más allá de los trofeos, reside en haber puesto sobre la mesa la discusión sobre la gobernanza, la financiación y la sostenibilidad de un club de fútbol de alto rendimiento en una era de cambios profundos en el deporte profesional.

Davicce dejó de vivir con la certeza de haber contribuido a una etapa de River Plate que, para muchos, consolidó una forma de entender el fútbol argentino desde una perspectiva empresarial, sin perder la identidad y la pasión que caracterizan a la institución.

A día de hoy, su memoria queda vinculada a una dirigencia que trató de combinar seriedad administrativa con la ambición de lograr éxitos deportivos de gran peso histórico para River Plate y para el fútbol argentino.