Miles de hinchas de Racing llenaron el Cilindro para apoyar al equipo en la antesala del clásico ante Independiente, con cánticos, velas y un emotivo homenaje a Elena Tita Mattiussi.

El Cilindro de Avellaneda volvió a respirar a pleno este viernes por la tarde. En la víspera del clásico con Independiente, la hinchada de Racing convirtió el estadio en un hervidero de color y cánticos. Cerca de 20.000 personas se dieron cita para apoyar al equipo antes de un encuentro que promete ser intenso, disputado y cargado de historia. Las tribunas parecían un mosaico: banderas que cubrían techos, velas encendidas y una lluvia de gritos que no daban respiro. Entre los trapos desplegados, ciertos mensajes buscaban provocar al Rojo, recordando viejas batallas y, sobre todo, la típica rivalidad que marca cada clásico de Avellaneda.

Había pancartas que se volvieron virales en las redes en cuestión de minutos, con lemas como Infelices 23 años, Una vida de Grondona y Feliz cumpleaños 24 sin gloria, que se mezclaban entre silbidos y ovaciones.

La jornada también tuvo momentos de espectáculo. En la pantalla gigante se proyectaron imágenes de los triunfos de Racing en clásicos, un recordatorio de la historia reciente que sirve de aliento para el presente.

A más de la emoción generada por los recuerdos, hubo un ritual casi simbólico: un grupo de hinchas encendió velas y dejó que la luz dibujara un pequeño círculo de serenidad entre la algarabía.

Esos gestos, que suelen pasar desapercibidos para los que llegan simplemente a ver un partido, terminan hilando la relación entre la gente y el equipo: una especie de pacto entre la historia y el presente.

Tras la sesión de entrenamiento, los jugadores no eludieron el contacto con la hinchada. Se acercaron a las gradas para agradecer el respaldo constante y, como en otros lunes de celebración, repartieron pelotas firmadas y saludos personales.

Fueron gestos simples, pero reveladores de una filosofía que no quiere perder la cercanía con los fanáticos, especialmente en una semana tan caliente como la previa de un clásico.

El cierre resultó particularmente emotivo. Con Bruno Zuculini al frente como referente del vestuario, el plantel posó junto a una bandera preparada para la ocasión, dedicada a Elena Tita Mattiussi, figura histórica de Racing que pasó buena parte de su vida cerca de la tribuna.

El mensaje decía en letras grandes que Y Tita siempre está. No son palabras al azar: para la gente de Racing, la presencia de Tita es un recordatorio de que el club no es sólo un grupo de jugadores, sino una historia que se extiende a las calles, a las galerías y a las vivencias de quienes cada fin de semana hacen de cada partido una experiencia intensa.

En la previa de este clásico, la esperanza y la pasión se mezclan en un cóctel que promete ser tan fuerte como el choque mismo: un encuentro que, como cada Avellaneda, se celebra y se pelea con el alma.