Un adolescente falleció y varios resultaron heridos cuando una fuente cedió por el peso de aficionados que celebraban el título de España en el Mundial de fútbol.
Lo que debía ser una noche de alegría desbordada se convirtió en una pesadilla en Ciudad Rodrigo, Salamanca. Un chaval de 13 años perdió la vida y otros dos resultaron heridos cuando una fuente de piedra se vino abajo mientras decenas de personas celebraban la victoria de España en el Mundial.
Los hechos ocurrieron pasadas las doce y media de la madrugada, justo después de que la selección española se proclamara campeona del mundo al ganar a Argentina por 1-0 en la prórroga.
Como en tantos pueblos y ciudades de España, la afición salió a la calle para festejar el histórico triunfo. Pero en la plaza donde está la fuente, el jolgorio se torció cuando varios jóvenes se subieron a la estructura. El peso fue demasiado y la mampostería no aguantó: la fuente se fracturó y cayó sobre ellos.
El Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo confirmó la muerte del menor y decretó tres días de luto oficial. "Lo que tenía que haber sido una celebración por la victoria en el Mundial de Fútbol de la Selección Española se ha convertido en una tragedia", escribieron en Facebook, transmitiendo su pésame a la familia y deseando una pronta recuperación a los heridos.
La Guardia Civil de Salamanca detalló que los afectados fueron trasladados al centro de salud local. Uno de ellos, el chico de 13 años, no pudo superar las heridas. Otro menor fue derivado al hospital de Salamanca con una fractura grave en una pierna. El tercero recibió el alta al presentar solo lesiones leves.
Además, se activó el Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias para apoyar a los familiares de la víctima. En el lugar había unas cincuenta personas cuando ocurrió el derrumbe. La noticia ha causado una gran conmoción en la localidad salmantina y en todo el país, que aún estaba eufórico por el título.
La victoria de España ante Argentina en Nueva Jersey supuso el segundo Mundial de su historia, dieciséis años después del primero en Sudáfrica 2010.
Aquel verano también hubo celebraciones masivas, pero sin llegar a este extremo. Por desgracia, no es la primera vez que una alegría deportiva acaba en desgracia: en 2014, un joven murió en Madrid tras caer desde una farola durante los festejos por el triunfo de la selección de baloncesto; y en 2016, varios aficionados resultaron heridos al desplomarse una valla en Valencia durante la celebración de la Liga.
El lunes por la mañana, el centro de Madrid amaneció cubierto de basura, latas y vidrios rotos, mientras los servicios de limpieza trabajaban contrarreloj para dejar todo listo antes de la llegada de los jugadores, que tenían previsto desfilar hasta la plaza de Cibeles.
La alegría por el título se mezclaba con la tristeza por lo ocurrido en Ciudad Rodrigo.
Esta tragedia recuerda que, por muy grande que sea la euforia, nunca debemos perder de vista la seguridad. Las fuentes, las estatuas y otros elementos urbanos no están diseñados para soportar el peso de varias personas. Ojalá sirva de lección para que en futuras celebraciones no tengamos que lamentar más víctimas.