Revisión en español de la primera ceremonia de apertura del Mundial 2026 en México, con enfoque en el Estadio Azteca, la expansión a 48 equipos y las impresiones de medios internacionales sobre el espectáculo y la organización.

El Mundial 2026 ya ha dado la nota inicial con la primera de las tres ceremonias de apertura y, como era previsible, las miradas se volvieron hacia México, el Estadio Azteca y el despliegue de un espectáculo que mezcló tradición con tecnología.

En una noche que quiso situar al torneo en una dimensión global, la ceremonia dejó claro que el nuevo formato de 48 selecciones vino para quedarse y que la logística será tan importante como el propio juego.

La nota dominante fue el ambiente: un estadio icónico, que ya ha visto triunfos legendarios en la historia del fútbol, sirvió de escenario para un arranque que buscó ser memorable.

El despliegue de drones, la coreografía de luces y la presencia de artistas de distintas partes del mundo ayudaron a subrayar la identidad mexi­cana sin perder de vista la escala planetaria que exige una Copa del Mundo con tantas selecciones.

Sobre ese marco, los comentaristas de los medios destacaron que el Azteca no solo fue un contenedor de fútbol, sino un símbolo vivo de la historia del deporte en América.

Entre los elementos más comentados figuran los comentarios de The Guardian, que destacaron la participación de Shakira, interpretando el tema oficial junto a Burna Boy, y pusieron el acento en la dimensión global del torneo, con 48 equipos y horarios que, algunas veces, no resultan cómodos para Europa.

En BBC News se habló de una “explosión de ritmo y color”, reconociendo la ambición de Balich Wonder Studio para entrelazar la cultura mexicana con la identidad del trofeo.

Al Jazeera describió el evento como un “Mundial de la expansión”, elogiando la mezcla de artistas africanos, latinoamericanos y anglosajones como un reflejo de diversidad musical y cultural.

El New York Times fue directo al grano: se trataba de una “declaración de intenciones” que intentó mostrar cohesión cultural y control logístico ante una fase de expansión.

En Francia, L’Equipe afirmó que el fútbol regresa a su templo sagrado, destacando la condición del Estadio Azteca como uno de los favoritos para iniciar este nueva era mundialista.

En Italia, La Gazzetta dello Sport habló de una “marea verde” y un estruendo ensordecedor, especialmente por la puesta en escena y la respuesta entusiasta del público.

En España, Marca resaltó la idea de una “fiesta colosal para el Mundial más grande de la historia” y dedicó atención a los momentos protagonizados por figuras como Salma Hayek.

As, por su parte, subrayó el orgullo y la identidad latina que captó la cobertura, destacando la sincronización entre música tradicional y efectos láser y drones como un acierto para inaugurar la era de las 48 selecciones.

The Athletic hizo hincapié en la carga simbólica del escenario, remarcando que el Azteca es un lugar cargado de historia futbolística, ligado a títulos y a grandes momentos que siguen resonando.

Récord, desde México, habló de un “mundo que ruge en el Azteca”, poniendo el foco en la trascendencia del evento para el fútbol local. Y desde Brasil, O Globo valoró la mística y la calidez del arranque, poniendo de relieve que, a pesar de que la mayor parte del torneo se jugará en Estados Unidos, la apertura tuvo alma futbolera.

Más allá de la crónica de las reacciones, lo verdaderamente relevante es que este inicio marca un antes y un después: por primera vez, hay tres ceremonias de apertura programadas para un mismo Mundial.

La del Azteca dio paso a dos preparatorias: una en Toronto, para el debut de Canadá, y otra en Los Ángeles, para el choque entre Estados Unidos y Paraguay.

Este formato no solo amplía la cobertura global, también refuerza la idea de que el fútbol, entendido como evento cultural, se vive en varias ciudades y culturasdifferent, conectadas por la misma competición.

Históricamente, el Estadio Azteca es un templo del fútbol: fue escenario de finales y de hazañas que quedaron grabadas en la memoria de generaciones.

En 1970, Pelé dejó constancia de su estadio legendario, y en 1986, Diego Maradona también dejó huella en este terreno que continúa recibiendo a millones de aficionados cada cuatro años.

Con ese bagaje, la inauguración de 2026 trató de aprovechar esa narrativa histórica para proyectar una visión de futuro: un torneo con mayor alcance geográfico, mayor diversidad musical y una logística que, si bien compleja, se presenta como un reto superable para una competencia cuyo objetivo es mirar al mundo con ambición y apertura.

En síntesis, la inauguración del Mundial 2026 en el Azteca logró, sobre todo, poner sobre la mesa una idea: este torneo está dispuesto a ser un espectáculo global, sin perder de vista sus raíces y su historia.

Las tres ceremonias buscan reforzar esa idea y, a partir de este primer acto, el camino por delante promete ser tan colorido y diverso como el propio fútbol que celebra.