La MLB arranca 2026 con un Opening Night entre Yankees y Giants en Netflix y estrena el sistema ABS para decisiones en el plato. Te contamos cómo funciona, datos del Spring Training y qué podría cambiar en la estrategia de juego.

Este miércoles 25 de marzo, las Grandes Ligas suben el telón de la temporada 2026 con un Opening Night histórico entre los New York Yankees y los San Francisco Giants, un duelo de titanes que se podrá ver en exclusiva por Netflix.

La previa ya marca el ritmo: se espera un estadio lleno y una afición deseosa de ver qué novedades aporta este curso, con un calendario que arranca con fuerza y promete batallas de alto voltaje.

Pero la fiesta no se detiene ahí: entre el jueves 26 y el viernes 27, la cartelera se completa con duelos de alto calibre, destacando el debut de Paul Skenes con los Pirates ante los renovados Mets y la defensa del título de los Dodgers frente a los Diamondbacks, en una jornada que, como cada año, pinta la temporada de 162 juegos como un maratón de batallas, ajustes y remontadas.

Más allá de los batazos, joyas defensivas y ponches espectaculares, la mirada está puesta en la gran novedad: el sistema ABS (Automated Ball-Strike).

Este mecanismo de desafío, que invita a que jugadores y receptores pongan a prueba las sentencias de los umpires con ayuda de tecnología de precisión milimétrica, llega para cambiar la forma de juzgar los strikes y las bolas.

No es un robot que canta cada lanzamiento; es una ayuda adicional que, bien utilizada, puede corregir errores y reducir la controversia en el plato. Entender cómo funciona el ABS y cuándo se debe pedir es la clave para descifrar el nuevo equilibrio entre lectura del lanzamiento y lectura del jugador.

¿Cómo se solicita un desafío y qué reglas lo rodean? Cada equipo parte con dos desafíos por partido. Solo pueden pedirlo el bateador, el lanzador o el receptor; el manager, en cambio, no tiene voz ni voto aquí. Tras un pitcheo, el jugador debe tocarse el casco o la gorra para alertar al umpire; no se permiten señales desde el dugout ni ayuda de compañeros. Si el desafío es correcto, la decisión se revierte y el equipo retiene el derecho a usar otro recurso; si falla, se pierde ese intento. En entradas extra, se añade un desafío al inicio de cada inning adicional. En resumen: dos desafíos iniciales, con la posibilidad de sumar uno cada vez que se gane en las fases extra.

La tecnología detrás del ABS no es capricho. Se apoya en una red de cámaras perimetrales de alta velocidad, sincronizadas con la red 5G para rastrear la trayectoria de la pelota con extrema fidelidad.

Cuando se solicita una revisión, el sistema genera una animación que llega en unos segundos a la pantalla del estadio y a la emisión televisiva, permitiendo que la decisión final se comunique con un grado de espectáculo visual, mientras el umpire recibe la confirmación en su auricular.

Cada equipo podrá usar dos veces el sistema. Si se falla una revisión, se pierde ese reto; si se acierta, se guarda para el siguiente intento.

La zona de strike 2D es personalizada para cada bateador. El límite superior se fija en el 53,5% de su estatura, mientras que el borde inferior se sitúa en el 27,0%. La medición se toma en el centro del pentágono de la zona para evitar que una curva que roza el borde se cuente como strike; de este modo, se busca que solo los lanzamientos que cruzan realmente la zona central cuenten como strike.

En el Spring Training, las cifras ya dan una pista de lo exigente que puede ser este sistema. Se realizaron 1.844 desafíos y el 53% resultaron acertados. El rendimiento varía entre ofensiva y defensa: lanzadores y receptores tuvieron mejor ojo, ganando un 60% de sus revisiones frente al 45% de los bateadores.

En particular, los Cubs marcaron un 65% de acierto y la defensa de los Cardinals un sorprendente 75%, mientras que Royals se quedaron con un 31% de efectividad.

Estas cifras anticipan que, aunque la tecnología aporta precisión, la gestión de los retos será parte del juego estratégico día a día.

El dilema de cuándo pedir el ABS no es menor. Según encuestas internas, muchos equipos (alrededor de la mitad) restringen a sus lanzadores para que no tomen la iniciativa por el follow-through, prefiriendo que el receptor asuma la revisión por ángulo y visión más clara.

En situaciones de alto apalancamiento, la norma no escrita es reservar los desafíos para el último tercio, o para bases llenas y conteos de 3-2. La estatura también influye: bateadores que se ponen derechos podrían beneficiarse de la precisión quirúrgica del sistema, mientras que los que se agachan mucho pueden verse perjudicados por pitcheos altos que ahora el ABS puede marcar como strikes.

En conjunto, el ABS entra en escena como una revolución tecnológica que promete mayor justicia en el plato, cambios en la toma de decisiones y una nueva forma de entender el juego.

Pero su verdadero impacto solo se revelará a lo largo de la temporada, cuando managers, jugadores y aficionados descubran si esta herramienta añade claridad o introduce, a veces, una nueva dinámica de presión sobre cada lanzamiento.

Lo que es seguro es que la MLB empieza 2026 con una promesa y con un nuevo idioma en las formas de jugar y de ver el béisbol.